Los hijos de la contaminación |
| 13-03-2010 | Casi 6 millones de niños y jóvenes están expuestos en forma peligrosa a riesgos ambientales; diarrea, erupciones y trastornos respiratorios son las afecciones más frecuentes |
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Así como el agujero de ozono y el calentamiento global son claros efectos del mal manejo del hombre sobre el medio ambiente, también en el ámbito de la salud se tienen cada vez más pruebas de sus consecuencias.
El porcentaje de muertes atribuibles al ambiente en el que el ser humano vive, aumenta de manera alarmante, sobre todo entre la población más vulnerable: la infantil, en pleno proceso de crecimiento y, por ende, más permeable a cualquier tipo de daño que provenga del ámbito que la rodea.
La Organización Mundial de la Salud estima que un ambiente dañino es responsable de las muertes del 24% de los niños de 0 a 14 años de todo el mundo. Y eleva la cifra al 36% entre los de 0 a 5. El organismo también ha diseñado una nómina con las enfermedades que tienen mayor carga atribuible a factores ambientales, como la diarrea, las infecciones respiratorias inferiores y la malaria, entre otras. Por supuesto que cualquier medición varía si se la toma en un país desarrollado o en uno subdesarrollado: el segundo se eleva considerablemente con respecto al primero.
Nuestro país no es ajeno a este panorama. Los efectos del medio ambiente sobre la salud han sido materia de investigación y de estudio, sobre todo, en la última década. Y los frutos de este trabajo multisectorial parecen pedir a gritos acciones urgentes. Es que el avance del cambio climático, sumado a la negligencia -ya sea privada o estatal- hoy nos pintan una realidad en la que miles y miles de personas ven a diario vulnerado su derecho a la vida.
Hace pocos meses, la Defensoría del Pueblo de la Nación presentó un informe de avance de lo que será su Atlas del Riesgo Ambiental de la Niñez de Argentina, que mide la vulnerabilidad social de la niñez en este tema. El trabajo concluye que, de un total de poco más de 12 millones de menores de 18 años cerca del cincuenta por ciento (casi 5.800.000) vive en zonas con alto o muy alto índice de vulnerabilidad.
'La iniciativa surgió por inquietud del Area de Medio Ambiente, que luego de cuatro años de su creación como área especializada, observó la inexistencia de políticas para atender los efectos de la contaminación ambiental en nuestros niños y niñas, para lo cual recibió aportes de expertos de Unicef con la misma inquietud', explica Cristina Maiztegui, titular de esa área de la Defensoría, quien considera que su experiencia frente a problemas de contaminación estructurales como los de las cuencas de los ríos Matanza y Reconquista sirven como botón de muestra de la desprotección que padece la niñez en este tipo de temas.
En el informe se desglosan los efectos sobre la niñez de la contaminación industrial, el uso de plaguicidas, la falta de agua o de saneamiento básico. 'Todos nuestros niños, niñas y adolescentes están en riesgo por algún factor ambiental: unos 7 millones por falta de agua o cloacas, unos 5 millones por convivir con industrias sin control y no menos de 2 millones por convivir con agroquímicos que son fuertes productos tóxicos, sin las medidas de prevención que son archiconocidas', reflexiona al respecto el adjunto primero de la Defensoría del Pueblo de la Nación, Anselmo Sella.
La versión final de Atlas estará finalizada antes de fin de año. Hasta el momento, ningún organismo oficial se acercó luego de la presentación.
El mapa de la contaminación
La directora de la subcomisión de Salud Infantil y Ambiente de la Sociedad Argentina de Pediatría, María Inés Lutz, revela que las evidencias sobre los efectos en la salud infantil del mal manejo del medio ambiente son tan variadas como contundentes. 'Nuestro país tiene muchos problemas en este sentido, que varían de acuerdo con la zona. En la Mesopotamia se padecen mucho los efectos colaterales del uso de agroquímicos; en Córdoba hay muchos casos de intoxicación con plomo; en provincias del Noroeste, como Salta y Jujuy, también son un problema los agroquímicos utilizados para el cultivo de tabaco, mientras que en el Gran Buenos Aires los basurales a cielo abierto son una fuente de contaminación de napas que, para empeorar, se combinan con la falta de cloacas y de agua potable.'
El análisis de la doctora Lutz en lo que se refiere al Gran Buenos Aires es una descripción exacta de los problemas que padece el Barrio Nicole, ubicado en la localidad de Virrey del Pino, en La Matanza.
Lejos de cualquier asociación glamorosa que pueda generar el nombre, 'Nicole' remite a los inicios del barrio, cuando no tenía 'ni colegio, ni colectivos'. El barrio nació hace doce años a partir de un plan de construcción de viviendas del gobierno bonaerense que nunca se concluyó. Hoy circula una línea de colectivos, aunque el medio de transporte más utilizado es una flota de remises destartalados que, por un peso el viaje, recorren las calles de Nicole. También hay una escuela de fachada imponente que, según relatan los vecinos, es sólo eso. Remite de los tiempos en los que la prisa del gobierno bonaerense por inaugurar instituciones educativas no dejaba espacio para abordar en profundidad otros detalles 'menores' como interiores acogedores o baños decentes.
En Nicole coexisten vecinos que adquirieron su casa en forma legal con otros que se fueron asentando con el correr de los años en los terrenos inundables porque lindan con el arroyo Morales, un curso de agua tan contaminado que es completamente verde.
El aspecto del barrio se va empobreciendo cada vez más, hasta límites que duelen, a medida que se lo camina en dirección al arroyo. En sus calles de tierra pueden verse tanto niños que juegan descalzos en una mañana fría, como perros con avanzados casos de sarna y desechos de todo tipo. Del otro lado, inmensas montañas de basura revelan que allí opera el relleno sanitario de González Catán del Ceamse. Durante el recorrido de Comunidad por el Barrio Nicole, el tránsito de camiones que vuelcan sus residuos allí es incesante.
'La gente de este lugar no tiene luz, ni agua potable, ni cloacas. Reciben agua de pozo, que distribuye un gran tanque ubicado cerca de donde el barrio comienza. Un juez determinó que el agua de este lugar no es apta ni para lavarse los dientes, porque contiene metales pesados como arsénico, plomo y cromo', explica, Juan Manuel D?Atolli, de Un Techo para Mi País, organización que ya construyó 96 casas en el lugar.
Las construcciones, de madera y techo de chapa, son apenas un monoambiente sin baño ni cocina, diseñadas a modo de denuncia. 'Cada casa construida por nosotros está recordándonos que allí vivía una familia en peores condiciones todavía', se lamenta D?Atolli.
Nicolás y Gisella son una pareja que hoy vive en una esas construcciones. Son padres de Milagros, de un año y medio, y de Priscila, de 7 meses, dos niñas que ha padecido erupciones y problemas respiratorios que, según los médicos que las atendieron, responden a la misma causa: la cercanía del relleno sanitario.
'Hay días en los que ni comer podés por el asco que te da el olor que viene del relleno. Y, aunque queremos, no podemos reubicarnos más lejos del relleno', dice con resignación Gisella, mientras Nicolás muestra de dónde obtienen el agua para beber: de una manguera que vuelca el líquido sobre la calle de tierra, pegadita a la zanja. 'Hace unos días nos salió con sanguijuelas', denuncia el hombre.
Entre la resignación y la incertidumbre se la escucha a Natalia, otra habitante del barrio, también beneficiaria de las viviendas de Un Techo para mi País. La mujer ha recorrido tantos pasillos de hospitales obligada por los vaivenes de la salud de su hijo Aaron que, cuando los relata, cuesta creer que el chiquito recién haya cumplido un año. 'Ahora le están haciendo estudios, porque tiene bajo el sodio y el potasio y además está con un cuadro de diarrea que no termina de superar', dice preocupada.
Natalia habita Nicole desde hace seis años y asegura que los problemas bronquiales y de erupciones en la piel de sus hijos más grandes comenzaron después de la mudanza. 'Los médicos le echan la culpa al relleno. Pero no me dan una solución', se lamenta.
Consultados los responsables del Ceamse, aseguran que el sistema de relleno sanitario que utiliza el operador en todos sus complejos preserva los recursos naturales cuidando, a la vez el medio ambiente y la salud de la población que lo rodea. Y, particularmente, sobre el caso de Nicole, expresaron en un comunicado: 'Independientemente de cuestiones técnicas, entendemos que las tierras donde está ubicado el Barrio Nicole no cuentan con las condiciones mínimas e indispensables para vivir, una multiplicidad de factores atentan contra la salud de los vecinos entre los que se pueden mencionar los basurales a cielo abierto, la falta de cloacas, agua corriente y la contaminación del Arroyo Morales, entre otras cosas. Pero siempre es más fácil culpar a Ceamse como generador de todos los males'.
Crecimiento sin control
Según reconocen diferentes especialistas, uno de los efectos colaterales de la expansión anárquica de la provincia de Buenos Aires ha sido la falta de una adecuada infraestructura sanitaria en numerosos barrios que ha comprometido de manera muy seria la contaminación de las napas subterráneas. Claro que, al momento de mencionar las causas de esa contaminación, a la descomposición de los líquidos cloacales hay que sumarle los vertidos químicos y la acción de pesticidas y fertilizantes.
En la Argentina, la media nacional de cobertura de servicios cloacales por red es del 42,5% y varía entre el 96,6% de la ciudad de Buenos Aires al 11,3% en la provincia de Misiones, de acuerdo con el Perfil de Salud Ambiental, un exhaustivo relevamiento nacional realizado por la Asociación Argentina de Médicos por el Medio Ambiente, junto con otras prestigiosas organizaciones locales e internacionales.
El estudio analiza los diferentes tipos de problemas del medio ambiente, así como su impacto en la salud, y en lo referente a las redes cloacales establece un vínculo entre la cobertura de este servicio y la cantidad de casos de diarrea en menores de 5 años. Así, por ejemplo, revela que la región patagónica cuenta con un 75% de cobertura y una de las menores tasas de diarrea en menores de 5 años, en tanto que en las regiones de Cuyo y el noroeste argentino poseen menor cobertura y la mayor cantidad de casos entre las diferentes regiones del país.
El problema se agrava mucho más cuando se le añade la falta de acceso al agua potable. En marzo último Comunidad reveló el caso del Barrio San Ignacio, ubicado en el partido de Esteban Echeverría, en el que los vecinos poseen desde hace más de 15 años problemas con el suministro de agua. No cuentan con agua potable y el agua de pozo que sale de sus canillas no es siquiera transparente.
Asesorados por la Asociación Civil por la Igualdad y las Justicia, los vecinos realizaron todos los reclamos pertinentes. Pero, ante la falta de respuesta estatal, la organización encomendó a los laboratorios de la Anmat y de la Universidad de General Sarmiento que analizaran la calidad del suministro que a diario consumen los vecinos de San Ignacio. Los resultados fueron contundentes: todas las muestras resultaron ser no aptas para consumo, con valores altísimos en nitratos, cromo, arsénico, nitritos y bacterias como la Escherichia coli.
'Los laboratorios que intervinieron se horrorizaron por los resultados de las muestras. No podían creer que los vecinos de San Ignacio consumieran esa agua. Por eso, estamos por iniciar una acción judicial en reclamo para la inmediata provisión de agua segura para los vecinos', anuncia Paula Vargas coordinadora de Servicios Públicos de la ONG.
'Las zonas del conurbano que carecen de agua y cloacas tienen un alto grado de población enferma y la realidad es que los habitantes que carecen de agua potable y cloacas, y los niños en particular a quienes deben priorizar las políticas públicas según la ley 26.061, ven violado diariamente su derecho a la vida, a la salud y el derecho humano al agua -reflexiona Vargas-. Y, como agravante, se trata de una población económicamente con desventajas que no puede acceder a medios alternativos de provisión segura.'
Por Lorena Oliva
De la Redacción de LA NACION
En números
* Entre 1998 y 2005, la tasa de diarrea aguda en nuestro país aumentó un 17,3%.
* Alrededor de mil niños menores de 5 años mueren todos los años a causa de una enfermedad respiratoria.
* De acuerdo con estudios de la Sociedad Argentina de Pediatría, el 100% de la carga de infecciones intestinales parasitarias son atribuibles al ambiente y son consecuencia de la falta de infraestructura sanitaria y malas prácticas de higiene.
* Según cifras de 2003, el 78% de la población contaba con agua potable y el 43% con cloacas, en tanto que la mayoría de los grandes aglomerados poblacionales vuelcan sus residuos cloacales sin tratar a diversos cursos de agua.
* Se estima que la quema no controlada de residuos sólidos urbanos en el entorno hogareño y en basurales a cielo abierto fue en 2003 de casi 1.200.000 toneladas.
Fuente: Perfil de la Salud Ambiental de la Niñez en la Argentina e informe de avance del Atlas del Riesgo Ambiental de la Niñez de la Argentina
Contactos
* CIJ: www.acij.org.ar/
* Defensoría del Pueblo de la Nación: www.defensor.gov.ar
* Sociedad Argentina de Pediatría: www.sap.org.ar
* Un Techo para mi País: www.untechoparamipais.org.ar
* Asociación Argentina de Médicos para el Medio Ambiente: www.aamma.org
Fuente: La Nación
La comida cumple un papel social muy importante y las diferentes formas de preparar los alimentos |
| 13-03-2010 | Permitir a los consumidores identificar los productos tradicionales, orgánicos o de producción local gracias a etiquetas más modernas y mejor diseñadas |
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Permitir a los consumidores identificar los productos tradicionales, orgánicos o de producción local gracias a etiquetas más modernas y mejor diseñadas es uno de los objetivos de la propuesta que fue apoyada este martes por la comisión de Agricultura del Parlamento Europeo. Con ello, el mercado de alimentos ganaría en transparencia y credibilidad, y el ciudadano podría realizar una elección mejor informada sobre la calidad de los productos que compra.
Unificar y modernizar los diversos sistemas de etiquetado que existen en la Unión Europea, simplificándolos para que resulten más claros para el consumidor es el objetivo final de la propuesta realizada por la Comisión Europea que fue debatida por el Parlamento Europeo este martes.
La gastronomía, patrimonio cultural
El informe sobre el tema redactado por el eurodiputado italiano del grupo Europa de la Libertad y la Democracia Giancarlo Scotta' subraya la importancia del etiquetado como medio para que los productores informen a los consumidores de forma creíble sobre la calidad o procedencia de sus productos.
El informe afirma que 'la Unión Europea aplica a los productos alimentarios las normas de calidad más elevadas del mundo', agregando que 'los productos europeos de calidad representan un patrimonio cultural y gastronómico vivo de la Unión', y considera que los consumidores europeos 'tienen un enorme interés no solo en la seguridad de los alimentos, sino también en el origen y en los métodos de producción de los productos alimentarios'
Por ello, el ponente se opone a la fusión de las calificaciones de 'denominación de origen protegida' e 'indicación geográfica protegida', y considera que los tres sistemas de registro de indicaciones geográficas (vinos, bebidas espirituosas y productos agrícolas y alimenticios) 'deben mantenerse en su estado actual'.
Especialidades regionales
En contra de la opinión de la Comisión Europea, Scotta' apuesta por mantener el instrumento de las especialidades tradicionales garantizadas, y se muestra partidario de introducir nuevas menciones específicas como 'productos de montaña' y 'productos de bajas emisiones de carbono', aunque puntualiza que las definiciones 'deben armonizarse al nivel comunitario'.
Los eurodiputados de la comisión parlamentaria de Agricultura son favorables a que se especifique el lugar de cultivo o cría del componente principal del alimento (por ejemplo, el origen de las naranjas en un zumo de naranja, pero no el del agua).
El texto también alerta acerca de 'la aparición de productos no ecológicos etiquetados de forma que induce a creer que son productos de la agricultura ecológica', y pide a la Comisión que introduzca un nuevo logotipo ecológico de la UE.
Fuente: Parlamento Europeo
Nuestro futuro robado. La amenaza de los disruptores endocrinos |
| 11-07-2009 | Numerosas sustancias químicas, como las dioxinas, PCBs, plaguicidas, ftalatos, alquilfenoles y el bisfenol-A, amenazan nuestra fecundidad, inteligencia y supervivencia. |
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Numerosas sustancias químicas, como las dioxinas, PCBs, plaguicidas, ftalatos, alquilfenoles y el bisfenol-A, amenazan nuestra fecundidad, inteligencia y supervivencia.
En 1962 el libro de Rachel Carson Primavera silenciosa dio el primer aviso de que ciertos productos químicos artificiales se habían difundido por todo el planeta, contaminando prácticamente a todos los seres vivos hasta en las tierras vírgenes más remotas. Aquel libro, que marcó un hito, presentó pruebas del impacto que dichas sustancias sintéticas tenían sobre las aves y demás fauna silvestre. Pero hasta ahora no se habían advertido las plenas consecuencias de esta insidiosa invasión, que está trastornando el desarrollo sexual y la reproducción, no sólo de numerosas poblaciones animales, sino también de los seres humanos.
Nuestro futuro robado, escrito por Theo Colborn, Dianne Dumanoski y Pete Myers, reunió por primera vez las alarmantes evidencias obtenidas en estudios de campo, experimentos de laboratorio y estadísticas humanas, para plantear en términos científicos, pero accesibles para todos, el caso de este nuevo peligro. Comienza allí donde terminaba Primavera silenciosa, revelando las causas primeras de los síntomas que tanto alarmaron a Carson. Basándose en décadas de investigación, los autores presentan un impresionante informe que sigue la pista de defectos congénitos, anomalías sexuales y fallos de reproducción en poblaciones silvestres, hasta su origen: sustancias químicas que suplantan a las hormonas naturales, trastornando los procesos normales de reproducción y desarrollo.
Los autores de Nuestro futuro robado repasan la investigación científica que relaciona estos problemas con los 'disruptores endocrinos', estafadores químicos que dificultan la reproducción de los adultos y amenazan con graves peligros a sus descendientes en fase de desarrollo. Explican cómo estos contaminantes han llegado a convertirse en parte integrante de nuestra economía industrial, difundiéndose con asombrosa facilidad por toda la biosfera, desde el Ecuador a los polos. Y estudian lo que podemos y debemos hacer para combatir este omnipresente peligro. Nuestro futuro robado, como señala Al Gore, vicepresidente de EE UU y autor del prólogo, es un libro de importancia trascendental, que nos obliga a plantearnos nuevas preguntas acerca de las sustancias químicas sintéticas que hemos esparcido por toda la Tierra.
Disruptores endocrinos
Un gran número de sustancias químicas artificiales que se han vertido al medio ambiente, así como algunas naturales, tienen potencial para perturbar el sistema endocrino de los animales, incluidos los seres humanos. Entre ellas se encuentran las sustancias persistentes, bioacumulativas y organohalógenas que incluyen algunos plaguicidas (fungicidas, herbicidas e insecticidas) y las sustancias químicas industriales, otros productos sintéticos y algunos metales pesados.
Muchas poblaciones animales han sido afectadas ya por estas sustancias. Entre las repercusiones figuran la disfunción tiroidea en aves y peces; la disminución de la fertilidad en aves, peces, crustáceos y mamíferos; la disminución del éxito de la incubación en aves, peces y tortugas; graves deformidades de nacimiento en aves, peces y tortugas; anormalidades metabólicas en aves, peces y mamíferos; anormalidades de comportamiento en aves; demasculinización y feminización de peces, aves y mamíferos machos; defeminización y masculinización de peces y aves hembras; y peligro para los sistemas inmunitarios en aves y mamíferos.
Los disruptores endocrinos interfieren en el funcionamiento del sistema hormonal mediante alguno de estos tres mecanismos: suplantando a las hormonas naturales, bloqueando su acción o aumentando o disminuyendo sus niveles. Las sustancias químicas disruptoras endocrinas no son venenos clásicos ni carcinógenos típicos. Se atienen a reglas diferentes. Algunas sustancias químicas hormonalmente activas apenas parecen plantear riesgos de cáncer.
En los niveles que se encuentran normalmente en el entorno, las sustancias químicas disruptoras hormonales no matan células ni atacan el ADN. Su objetivo son las hormonas, los mensajeros químicos que se mueven constantemente dentro de la red de comunicaciones del cuerpo. Las sustancias químicas sintéticas hormonalmente activas son delincuentes de la autopista de la información biológica que sabotean comunicaciones vitales. Atracan a los mensajeros o los suplantan. Cambian de lugar las señales. Revuelven los mensajes. Siembran desinformación. Causan toda clase de estragos. Dado que los mensajes hormonales organizan muchos aspectos decisivos del desarrollo, desde la diferenciación sexual hasta la organización del cerebro, las sustancias químicas disruptoras hormonales representan un especial peligro antes del nacimiento y en las primeras etapas de la vida. Los disruptores endocrinos pueden poner en peligro la supervivencia de especies enteras, quizá a largo plazo incluso la especie humana.
Las pautas de los efectos de los disruptores endocrinos varían de una especie a otra y de una sustancia a otra. Sin embargo, pueden formularse cuatro enunciados generales:
* Las sustancias químicas que preocupan pueden tener efectos totalmente distintos sobre el embrión, el feto o el organismo perinatal que sobre el adulto;
* Los efectos se manifiestan con mayor frecuencia en las crías, que no en el progenitor expuesto;
* El momento de la exposición en el organismo en desarrollo es decisivo para determinar su carácter y su potencial futuro;
* Aunque la exposición crítica tiene lugar durante el desarrollo embrionario, las manifestaciones obvias pueden no producirse hasta la madurez.
La especie humana carece de experiencia evolutiva con estos compuestos sintéticos. Estos imitadores artificiales de los estrógenos difieren en aspectos fundamentales de los estrógenos vegetales. Nuestro organismo es capaz de descomponer y excretar los imitadores naturales de los estrógenos, pero muchos de los compuestos artificiales resisten los procesos normales de descomposición y se acumulan en el cuerpo, sometiendo a humanos y animales a una exposición de bajo nivel pero de larga duración. Esta pauta de exposición crónica a sustancias hormonales no tiene precedentes en nuestra historia evolutiva, y para adaptarse a este nuevo peligro harían falta milenios, no décadas.
La industria química prefiere pensar que, puesto que ya existen en la naturaleza tantos estrógenos naturales, como la soja, no hay por qué preocuparse por los compuestos químicos sintéticos que interfieren con las hormonas. Sin embargo, es importante tener en cuenta las diferencias que existen entre los impostores hormonales naturales y los sintéticos. Los imitadores hormonales artificiales suponen un peligro mayor que los compuestos naturales, porque pueden persistir en el cuerpo durante años, mientras que los estrógenos vegetales se pueden eliminar en un día.
Nadie sabe todavía qué cantidades de las sustancias químicas disruptoras endocrinas son necesarias para que representen un peligro para el ser humano. Los datos indican que podrían ser muy pequeñas si la exposición tiene lugar antes del nacimiento. En el caso de las dioxinas, los estudios recientes han demostrado que la exposición a dosis ínfimas es peligrosa.
La mayoría de nosotros portamos varios centenares de sustancias químicas persistentes en nuestro cuerpo, entre ellas muchas que han sido identificadas como disruptores endocrinos. Por otra parte, las portamos en concentraciones que multiplican por varios millares los niveles naturales de los estrógenos libres, es decir, estrógenos que no están enlazados por proteínas sanguíneas y son, por tanto, biológicamente activos.
Se ha descubierto que cantidades insignificantes de estrógeno libre pueden alterar el curso del desarrollo en el útero; tan insignificantes como una décima parte por billón. Las sustancias químicas disruptoras endocrinas pueden actuar juntas y cantidades pequeñas, aparentemente insignificantes, de sustancias químicas individuales, pueden tener un importante efecto acumulativo. El descubrimiento de que puede haber sustancias químicas que alteran el sistema hormonal en lugares inesperados, incluidos algunos productos que se consideraban biológicamente inertes como los plásticos, ha puesto en entredicho las ideas tradicionales sobre la exposición.
Efectos en los seres humanos
Los seres humanos se han visto afectados por los disruptores endocrinos. El efecto del DES (dietilestilbestrol), un agente estrogénico, fue un claro aviso. El paradigma del cáncer es insuficiente porque las sustancias químicas pueden causar graves efectos sanitarios distintos del cáncer.
Causa gran preocupación la creciente frecuencia de anormalidades genitales en los niños, como testículos no descendidos (criptorquidia), penes sumamente pequeños e hipospadias, un defecto en el que la uretra que transporta la orina no se prolonga hasta el final del pene. En las zonas de cultivo intensivo en la provincia de Granada, en donde se emplea el endosulfán y otros plaguicidas, se han registrado 360 casos de criptorquidias. Algunos estudios con animales indican que la exposición a sustancias químicas hormonalmente activas en el periodo prenatal o en la edad adulta aumenta la vulnerabilidad a cánceres sensibles a hormonas, como los tumores malignos en mama, próstata, ovarios y útero.
Entre los efectos de los disruptores endocrinos está el aumento de los casos de cáncer de testículo y de endometriosis, una dolencia en la cual el tejido que normalmente recubre el útero se desplaza misteriosamente al abdomen, los ovarios, la vejiga o el intestino, provocando crecimientos que causan dolor, copiosas hemorragias, infertilidad y otros problemas.
El signo más espectacular y preocupante de que los disruptores endocrinos pueden haberse cobrado ya un precio importante se encuentra en los informes que indican que la cantidad y movilidad de los espermatozoides de los varones ha caído en picado en el último medio siglo. El estudio inicial, realizado por un equipo danés encabezado por el doctor Niels Skakkebaek y publicado en el Bristish Medical Journal en septiembre de 1992, descubrió que la cantidad media de espermatozoides masculinos había descendido un 45 por ciento, desde un promedio de 113 millones por mililitro de semen en 1940 a sólo 66 millones por mililitro en 1990. Al mismo tiempo, el volumen del semen eyaculado había descendido un 25 por ciento, por lo que el descenso real de los espermatozoides equivalía a un 50 por ciento. Durante este periodo se había triplicado el número de hombres que tenían cantidades extremadamente bajas de espermatozoides, del orden de 20 millones por mililitro. En España se ha pasado de una media de 336 millones de espermatozoides por eyaculación en 1977 a 258 millones en 1995. El descenso amenaza la capacidad fertilizadora masculina. De continuar la tendencia actual, dentro de 50 años los hombres podrían ser incapaces de reproducirse de forma natural, teniendo que depender de las técnicas de inseminación artificial o de la fecundación in vitro.
La exposición prenatal a sustancias químicas imitadoras de hormonas puede estar exacerbando también el problema médico más común que afecta a los hombres al envejecer: el crecimiento doloroso de la glándula prostática, que dificulta la excreción de orina y a menudo requiere intervención quirúrgica. En los países occidentales, el 80 por ciento de los hombres muestran signos de esta dolencia a los 70 años, y el 45 por ciento de los hombres padecen un grave crecimiento de la glándula. En las dos últimas décadas se ha producido un espectacular aumento de esta dolencia.
La experiencia del DES y los estudios con animales sugieren también una vinculación entre las sustancias químicas disruptoras endocrinas y varios problemas de reproducción en las mujeres, especialmente abortos, embarazos ectópicos y endometriosis. La endometriosis afecta hoy a cinco millones de mujeres estadounidenses. A principios de siglo la endometriosis era una enfermedad prácticamente desconocida. Las mujeres que padecen endometriosis tienen niveles más elevados de PCBs en la sangre que las mujeres que no la padecen. Diferentes estudios coinciden en señalar que entre el 60 y el 70 por ciento de los embarazos se malogran en la fase embrionaria inicial y otro 10 por ciento termina en las primeras semanas por un aborto espontáneo.
Pero la tendencia sanitaria más alarmante con diferencia para las mujeres es la creciente tasa de cáncer de mama, que es el cáncer femenino más común. Desde 1940, en los albores de la era química, las muertes por cáncer de mama han aumentado en EE UU en un 1 por ciento anual, y se ha informado de incrementos semejantes en otros países industrializados.
Industria química
Nuestro futuro robado abre un nuevo horizonte, que muy probablemente concluya con nuevos tratados internacionales, al igual que sucedió con los CFCs que agotan la capa de ozono, y a pesar de la oposición de las industrias químicas. Actualmente pueden encontrarse en el mercado unas 100.000 sustancias químicas sintéticas. Cada año se introducen 1.000 nuevas sustancias, la mayoría sin una verificación y revisión adecuadas. En el mejor de los casos, las instalaciones de verificación existentes en el mundo pueden someter a prueba únicamente a 500 sustancias al año. En realidad, sólo una pequeña parte de esta cifra es sometida realmente a prueba. Ya se han identificado 51 productos químicos que alteran el sistema hormonal, pero se desconocen los posibles efectos hormonales de la gran mayoría. Uno de los aspectos más inquietantes de los disruptores endocrinos es que algunos de sus efectos se producen con dosis muy bajas.
Las normas actuales que regulan la comercialización de productos químicos sintéticos se han desarrollado sobre la base del riesgo de cáncer y de graves taras de nacimiento y calculan estos riesgos a un varón adulto de unos 70 kilogramos de peso. No toman en consideración la vulnerabilidad especial de los niños antes del nacimiento y en las primeras etapas de vida, y los efectos en el sistema hormonal. Las normas oficiales y los métodos de prueba de la toxicidad evalúan actualmente cada sustancia química por sí misma. En el mundo real, encontramos complejas mezclas de sustancias químicas. Nunca hay una sola. Los estudios científicos muestran con claridad que las sustancias químicas pueden interactuar o pueden actuar juntas para producir un efecto superior al que producirían individualmente (sinergia). Las leyes actuales ignoran estos efectos aditivos o interactivos.
Los fabricantes utilizan las leyes sobre secretos comerciales para negar al público el acceso a la información sobre la composición de sus productos. En tanto los fabricantes no coloquen unas etiquetas completas en sus productos, los consumidores no tendrán la información que necesitan para protegerse de productos hormonalmente activos. En algunos casos, las sustancias químicas pueden descomponerse en sustancias que plantean un peligro mayor que la sustancia química original.
La industria química trata de desacreditar las conclusiones de Nuestro futuro robado, al igual que hasta hace poco hizo con los CFCs, o como las campañas de la industria del tabaco negando la relación entre el hábito de fumar y el cáncer de pulmón. La Chemical Manufacturers Association, entidad que agrupa a las mayores multinacionales de la industria química, el Chlorine Chemistry Council, el American Plastics Council, la Society of the Plastics Industry y la American Crop Protection Association (los grandes fabricantes de plaguicidas), han recolectado grandes cantidades de dinero entre sus asociados para lanzar una campaña contra el libro Nuestro futuro robado. Cuando en 1962 se publicó el libro de Rachel Carson Primavera silenciosa (Silent Spring), la revista de la Chemical Manufacturers Association tituló la reseña del libro 'Silence, Miss Carson'. La industria del cloro, agrupada en el Chlorine Council, que agrupa a empresas como DuPont, Dow, Oxychem y Vulcan, gasta anualmente en Estados Unidos 150 millones de dólares (más de 20 mil millones de pesetas) en campañas de imagen y de intoxicación informativa. En España la empresa encargada por los fabricantes de PVC de intoxicar a la opinión pública es la Burson-Marsteller.
Treinta y cinco años después la misma industria que casi acaba con el ozono, que ocasionó el accidente de Bhopal y que fabrica miles de sustancias tóxicas, se enfrenta al desafío de Nuestro futuro robado. Las empresas Burson-Marsteller, Edelman y Hill & Knowlton, dedicadas al lavado de imagen de la industria del tabaco, de dictadores, del PVC y de empresas contaminantes, muchas de ellas del sector químico, realizan campañas de intoxicación contra los científicos, periodistas y las organizaciones no gubernamentales, tratando de impedir, o al menos reducir, los efectos de libros como Nuestro futuro robado y decenas de estudios científicos, informes y artículos sobre los efectos de las sustancias químicas que actúan como disruptores endocrinos.
Una buena prueba de lo acertadas que son las conclusiones del libro Nuestro futuro robado es que el gobierno de Estados Unidos gastó de 20 a 30 millones de dólares en 400 proyectos para analizar los efectos de las sustancias químicas en el sistema endocrino. El objetivo de la Agencia de Medio Ambiente (EPA) de EE UU es desarrollar toda una estrategia para investigar y someter a prueba 600 plaguicidas y 72.000 sustancias químicas sintéticas de uso comercial en Estados Unidos, al objeto de analizar sus efectos como posibles disruptores endocrinos. La National Academy of Sciences de Estados Unidos ha emprendido un amplio estudio para profundizar en los peligros de los disruptores endocrinos. Raro es el mes que no se publica algún artículo en las más prestigiosas revistas científicas confirmando y profundizando los peligros de las sustancias químicas.
El mercado mundial de plaguicidas representó unos 2 millones de toneladas en 1999, e incluía 1.600 sustancias químicas. El consumo mundial continúa creciendo. Los plaguicidas son una clase especial de sustancias químicas por cuanto son biológicamente activas por diseño y se dispersan intencionadamente en el entorno. Hoy en día se usan en Estados Unidos 30 veces más plaguicidas sintéticos que en 1945. En este mismo periodo, el poder biocida por kilogramo de las sustancias químicas se ha multiplicado por 10. El 35 por ciento de los alimentos consumidos tienen residuos de plaguicidas detectables. Los métodos de análisis, sin embargo, sólo detectan un tercio de los más de 600 plaguicidas en uso. La contaminación de los alimentos por plaguicidas es a menudo muy superior en los países en desarrollo.
Recuperar Nuestro futuro robado
Defendernos de este riesgo requiere la acción en varios frentes con la intención de eliminar las nuevas fuentes de disrupción endocrina y minimizar la exposición a contaminantes que interfieren el sistema hormonal y que ahora están en el ambiente. Para ello se requerirá mayor investigación científica; rediseño de las sustancias químicas, de los procesos de producción y de los productos por las empresas; nuevas políticas gubernamentales; y esfuerzos personales para protegernos a nosotros y a nuestras familias. La agricultura ecológica, sin plaguicidas y otras sustancias químicas, es una alternativa sostenible y viable.
Con 100.000 sustancias químicas sintéticas en el mercado en todo el mundo y 1.000 nuevas sustancias más cada año, hay poca esperanza de descubrir su suerte en los ecosistemas o sus efectos para los seres humanos y otros seres vivos hasta que el daño está hecho. Es necesario reducir el número de sustancias químicas que se usan en un producto determinado y fabricar y comercializar sólo las sustancias químicas que puedan detectarse fácilmente con la tecnología actual y cuya degradación en el medio ambiente se conozca.
Estas sustancias no han alterado la huella genética básica que subyace a nuestra humanidad. Elimínense los disruptores de la madre y del útero y los mensajes químicos que guían el desarrollo podrán llegar de nuevo sin obstáculos. Pero la protección de la próxima generación de los disruptores endocrinos requerirá una vigilancia de años e incluso décadas, porque las dosis que llegan al feto dependen no sólo de lo que ingiere la madre durante el embarazo, sino también de los contaminantes persistentes acumulados en la grasa corporal hasta ese momento de su vida. Las mujeres transfieren esta reserva química acumulada durante décadas a sus hijos durante la gestación y durante la lactancia.
El sistema actual da por supuesto que las sustancias químicas son inocentes hasta que se demuestre lo contrario. El peso de la prueba debe actuar del modo contrario, porque el enfoque actual, la presunción de inocencia, una y otra vez ha hecho enfermar a las personas y ha dañado a los ecosistemas. Las pruebas que surgen sobre las sustancias químicas hormonalmente activas deben utilizarse para identificar a aquellas que plantean el mayor riesgo y para eliminarlas del mercado. Cada nuevo producto debe someterse a esta prueba antes de que se le permita salir al mercado. La evaluación del riesgo se utiliza ahora para mantener productos peligrosos en el mercado hasta que se demuestre que son culpables. Las políticas internacionales y nacionales se deben basar en el principio de precaución.
Una política adecuada para reducir la amenaza de las sustancias químicas que alteran el sistema hormonal requiere la prohibición inmediata de plaguicidas como el endosulfán y el metoxicloro, fungicidas como la vinclozolina, herbicidas como la atrazina, los alquilfenoles, los ftalatos y el bisfenol-A. Para evitar la generación de dioxinas se requiere la eliminación progresiva del PVC, el percloroetileno, todos los plaguicidas clorados, el blanqueo de la pasta de papel con cloro y la incineración de de residuos.
Sustancias químicas de efectos disruptores sobre el sistema endocrino
Entre las sustancias químicas de efectos disruptores sobre el sistema endocrino figuran:
* las dioxinas y furanos, que se generan en la producción de cloro y compuestos clorados, como el PVC o los plaguicidas organoclorados, el blanqueo con cloro de la pasta de papel y la incineración de residuos.
* los PCBs, actualmente prohibidos. Las concentraciones en tejidos humanos han permanecido constantes en los últimos años aun cuando la mayoría de los países industrializados pusieron fin a la producción de PCBs hace más de una década, porque dos tercios de los PCBs producidos en todas las épocas continúan en uso en transformadores u otros equipos eléctricos y, por consiguiente, pueden ser objeto de liberación accidental. A medida que van ascendiendo en la cadena alimentaria, la concentración de PCBs en los tejidos animales puede aumentar hasta 25 millones de veces.
* numerosos plaguicidas, algunos prohibidos y otros no, como el DDT y sus productos de degradación, el lindano, el metoxicloro (autorizado en España), piretroides sintéticos, herbicidas de triazina, kepona, dieldrín, vinclozolina, dicofol y clordano, entre otros.
* el plaguicida endosulfán, de amplio uso en la agricultura española, a pesar de estar prohibido en numerosos países.
* el HCB (hexaclorobenceno), empleado en síntesis orgánicas, como fungicida para el tratamiento de semillas y como preservador de la madera.
* los ftalatos, utilizados en la fabricación de PVC. El 95 por ciento del DEHP (di(2etilexil)ftalato) se emplea en la fabricación del PVC.
* los alquilfenoles, antioxidantes presentes en el poliestireno modificado y en el PVC, y como productos de la degradación de los detergentes. El p-nonilfenol pertenece a la familia de sustancias químicas sintéticas llamadas alquilfenoles. Los fabricantes añaden nonilfenoles al poliestireno y al cloruro de polivinilo (PVC), como antioxidante para que estos plásticos sean más estables y menos frágiles. Un estudio descubrió que la industria de procesamiento y envasado de alimentos utilizaba PVC que contenían alquilfenoles. Otro informaba del hallazgo de contaminación por nonilfenol en agua que había pasado por cañerías de PVC. La descomposición de sustancias químicas presentes en detergentes industriales, plaguicidas y productos para el cuidado personal pueden dar origen asimismo a nonilfenol.
* el bisfenol-A, de amplio uso en la industria agroalimentaria (recubrimiento interior de los envases metálicos de estaño) y por parte de los dentistas (empastes dentarios). Uno de los investigadores pioneros sobre los efectos del bisfenol-A es el médico español Nicolás Olea.
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José Santamarta.
Revisor y coeditor de la edición en castellano del libro Nuestro Futuro Robado, director de Gaia y de la edición en castellano de la revista World Watch.
Los plaguicidas y el sistema inmunológico: los riesgos para la salud pública |
| 11-07-2009 | Las inquietudes en torno a los plaguicidas se han orientado sobre todo hacia su potencial para actuar como venenos peligrosos o como agentes cancerígenos. |
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Las inquietudes en torno a los plaguicidas se han orientado sobre todo hacia su potencial para actuar como venenos peligrosos o como agentes cancerígenos. Pero los plaguicidas también pueden acarrear otros riesgos.
Las inquietudes en torno a los plaguicidas se han orientado sobre todo hacia su potencial para actuar como venenos peligrosos o como agentes cancerígenos. Pero los plaguicidas también pueden acarrear otros riesgos. Recientemente se ha podido probar que muchos de los plaguicidas más habituales pueden llegar a anular las respuestas regulares del sistema inmunológico humano a determinados virus invasores, bacterias, parásitos y tumores. El sistema inmunológico constituye la primera línea defensiva del organismo frente a los agentes patógenos; por consiguiente, si se debilita su respuesta podría verse incrementada la gravedad de la dolencia.
Los estudios efectuados en laboratorios muestran que ciertos plaguicidas organoclorados, organofosforados, carbomatos y con componentes metálicos (como los que incluyen arsénico, cobre o mercurio) pueden neutralizar el sistema inmunológico de los mamíferos. Y puesto que por lo general las sustancias que son tóxicas para otros mamíferos lo son también para el ser humano (dado que el sistema inmunológico del ser humano está estructurado de manera muy similar al del resto de los mamíferos), los mencionados estudios revelan qué tipos de inmunodeficiencia pueden afectar a los humanos.
Dichas pruebas aportan una gran cantidad de evidencias. Por ejemplo, la exposición a los organoclorados aldrín y dieldrín reduce la resistencia de los ratones a las infecciones virales, mientras que el DDT disminuye la producción de anticuerpos en especies tanto de mamíferos como de aves. El organofosforado paratión retrasa la generación de anticuerpos y suprime la respuesta de la célula-T en los cultivos celulares, mientras que una exposición crónica de baja intensidad al malatión puede debilitar varias respuestas diferentes del sistema inmunológico. Muchos disolventes, ingredientes inertes y contaminantes que forman parte de los plaguicidas pueden igualmente aminorar las respuestas inmunológicas llevadas a cabo en los laboratorios.
Las evidencias epidemiológicas, aunque limitadas, también apuntan a que los plaguicidas pueden resultar tóxicos para el sistema inmunológico humano. Entre los trabajadores indios de una fábrica, expuestos habitualmente a diferentes plaguicidas, los niveles de linfocitos en la sangre -uno de los elementos del sistema inmunológico- descendieron dos tercios por debajo de los niveles básicos y volvieron los índices normales una vez finalizada la exposición.
Los expertos en epidemiología de la antigua Unión Soviética observaron que tanto el número total como las funciones de las células-T se reducían tras una exposición a los plaguicidas. Así, por ejemplo, los residentes en los distritos agrícolas del sur de Rusia, donde el uso de plaguicidas era intenso, tenían un número de estas células menor que el resto de la población; además, acusaban mayores índices de enfermedades infecciosas.
De igual modo, en Moldavia -igualmente parte de la antigua Unión Soviética- los adolescentes de los pueblos con mayores tasas de uso de plaguicidas tenían índices varias veces más altos de infecciones respiratorias y digestivas que los adolescentes de otras zonas en las que la utilización de plaguicidas no era tan intensa. Entre 1960 y 1980 los índices de aplicación de plaguicidas por hectárea en las regiones agrícolas del centro y sur de Moldavia superaban en casi 20 veces la media mundial.
La supresión del sistema inmunológico por causa de los plaguicidas puede tener que ver también con el desarrollo de algunos tipos de cáncer. Considerados en su conjunto, los agricultores sufren mayor riesgo de contraer la enfermedad de Hodgkin, melanoma, mieloma múltiple y leucemia, todos ellos cánceres del sistema inmunológico.
Por desgracia, a pesar de las evidencias, el estudio de la supresión del sistema inmunológico causada por la mayoría de los plaguicidas está todavía en mantillas; poco esfuerzo se ha realizado para clarificar las relaciones entre dosis y efectos. Así pues, no se ha podido llegar a ningún consenso acerca cuánta exposición se requiere para afectar, hasta el punto de poner en riesgo la salud, al sistema inmunológico; o qué tipo de efectos a la larga podrían causar las exposiciones crónicas con dosis bajas. Sin embargo, está claro que el riesgo potencial para la salud, especialmente entre la población agrícola donde la exposición está generalizada, es suficientemente significativo.
Al igual que con otros riesgos, los peligros derivados del debilitamiento del sistema inmunológico por causa de la exposición a los plaguicidas pueden ser mayores en el mundo en desarrollo y en países como la antigua Unión Soviética, donde grandes proporciones de la población viven aún en medios rurales y trabajan la agricultura. En estas regiones el uso de los plaguicidas crece con celeridad, en tanto que la legislación al respecto y las prácticas manipuladoras de los productos dejan mucho que desear.
Para empeorar más las cosas, las condiciones de vida de mucha gente en los países en vías de desarrollo hacen que los riesgos sean todavía mayores. Las respuestas de sus sistemas inmunológicos se hallan ya debilitadas por la malnutrición; y, al mismo tiempo, la contaminación del agua potable y la falta de saneamiento, junto con unas viviendas inadecuadas, exponen a esta población a más agentes patógenos. El resultado es una tasa de mortalidad muy alta debida a enfermedades muy corrientes, como el sarampión y la tos ferina, por ejemplo, enfermedades de las que los pacientes se recuperan con facilidad en los países más ricos.
Si a todo esto se añade el efecto inmuno- depresor provocado por los plaguicidas, el peso de las enfermedades más comunes se verá considerablemente incrementado. Las consecuencias podrían permanecer ocultas, porque la gente no suele fallecer de envenenamiento agudo; las muertes se atribuirían, más bien, a otras enfermedades como la neumonía, la gastroenteritis o a complicaciones del sarampión. El hecho de que la exposición a los plaguicidas debilite las respuestas del sistema inmunológico, aumente su vulnerabilidad ante las enfermedades y provoque la muerte pasaría inadvertido.
Adaptado de:
Robert Repetto y Sanjay Baliga, Pesticides and the Immune System: The Public Health Risks (World Resources Institute, Washington, D.C., 1996).
Este artículo forma parte de 'Recursos mundiales. 2000'
Efectos Biológicos de los Campos Electromagnéticos |
| 11-07-2009 | Los efectos sobre la salud de las instalaciones y las aplicaciones de la electricidad y la electrónica, que están incrementándose continuamente, son ahora indiscutibles |
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Los efectos sobre la salud de las instalaciones y las aplicaciones de la electricidad y la electrónica, que están incrementándose continuamente, son ahora indiscutibles
Fue hasta más o menos en el año de 1900 cuando el campo electromagnético de la tierra consistía en forma sencilla en su propio campo y algunas otras micropulsaciones asociadas con él. Tal es el caso de las descargas fortuitas de relámpagos y la luz visible. En cambio, en la actualidad estamos sumergidos en un mar de energía que es casi totalmente hecho por el hombre.
Si percibimos y derivamos información del campo geomagnético natural, es muy lógico que todo este campo electromagnético no natural esté produciendo efectos biológicos que pueden ser dañinos.
Las instalaciones y las aplicaciones de la electricidad y la electrónica están incrementándose continuamente. Sus efectos sobre la salud son ahora indiscutibles y ampliamente conocidos dentro del ambiente científico, aunque en lo que se refiere al público, la mayoría de la gente desconoce lo que puede hacer para protegerse de los efectos nocivos de algunos campos electromagnéticos. Ahora se sabe que la estimulación eléctrica influye en el crecimiento celular y ayuda a promover la consolidación de los huesos rotos.
Pero también se sabe que las intensidades de los campos electromagnéticos necesarios para que suceda este fenómeno, son mucho más grandes que las intensidades de la contaminación de los campos electromagnéticos.
Desde 1975 se conoce el efecto magnetotrópico de las bacterias hacia el polo norte.
Esto es muy importante cuando se habla del smog electromagnético.
Todos sabemos que en la sociedad actual en que vivimos, no estamos libres de riesgos, pero que debemos tomar nuestras precauciones para que estos riesgos sean menores.
La mayoría de las personas creen que los riesgos de la salud relacionados con los campos electromagnéticos, son de origen externo, en el medio ambiente. La verdad es que el mayor riesgo está asociado con el uso de muchos aparatos electrodomésticos que usamos a diario en nuestras casas y oficinas.
Actualmente, la energía electromagnética abarca todo el mundo, es decir, no hay lugar donde esconderse de ella. En los lugares más remotos del planeta también estaríamos expuestos a un nivel de frecuencias corrientes ubicuas de 50 o 60 Hz, igual que las ondas de radio reflejadas en la ionósfera. Con esto, fácilmente podemos percatarnos de que el problema de la electropolución es mundial y para resolverlo se requeriría de un inmenso esfuerzo y coordinación internacional. Por otro lado, como individuos, sí tenemos algo de control sobre nuestros aparatos electromagnéticos que ordinariamente utilizamos en nuestra vida diaria. El único concepto básico que debemos de aplicar es la tasa de riesgo-dosificacion. Por ejemplo, sabemos que una razuradora eléctrica produce un campo electromagnético extremadamente alto en potencia, si está conectada a la corriente eléctrica.
Hemos medido con diferentes aparatos, campos electromagnéticos de 60 Hz, de hasta 400 miligauss a un centímetro del filo de la navaja. Estos campos penetran la piel del operador. Existe evidencia científica de que los campos de 60 Hz de tan sólo 3 miligauss, están relacionados con el aumento de la incidencia de cáncer. Esto entonces nos dice que estos campos electromagnéticos emitidos por la razuradora eléctrica (conectada a la línea eléctrica) son 100 veces más potentes del máximo considerado como seguro.
Por lo anterior, es muy importante no olvidar el concepto de tasa-dosificación, ya que la razuradora eléctrica se usa durante unos minutos nada más. Por lo cual, la exposición es mínima. En cambio, por ejemplo, la fuerza del campo magnético de una sábana eléctrica es de 50 a 100 miligauss, estando todavía dentro de la zona de peligro. Además, hay que tomar en cuenta que el uso de la sábana es de varias horas diarias, por lo que la dosis total administrada es mucho más alta.
Hay grandes estudios epidemiológicos sobre los efectos de los campos electromagnéticos. La asociación más consistente se encuentra en los trabajadores eléctricos, los niños (particularmente para cáncer del cerebro y leucemia) y en la tasa de aborto, la cual, es más alta entre las usuarias de sábanas eléctricas.
El campo electromagnético ambiental hecho por el hombre, está producido principalmente por la transmisión local de la potencia eléctrica y la red de distribución y es el nivel de la fuerza del campo al que estamos expuestos constantemente. Este campo está presente dentro y fuera de nuestras casas y es casi imposible evitarlo.
A través de diferentes investigaciones, se ha visto que los niveles del campo electromagnético ambiental, en la zona urbana, casi siempre exceden de los 3 miligauss. El rango en la zona suburbana va de 1 a 3 miligauss. Estas lecturas pueden variar mucho de acuerdo a la proximidad con las líneas de transmisión de potencia eléctrica y transformadores de línea de potencia.
La Dra. Nancy Wertheimer de la Universidad de Colorado quien publicó el primer estudio epidemiológico sobre cambios de frecuencia de poder, ha hecho similares estudios en usuarios de sábanas eléctricas.
Algunos otros estudios, indican que la exposición residencial a campos electromagnéticos ambientales superiores a 3 miligauss, están estrechamente relacionados con aumentos en la incidencia de cáncer en los niños. La mayoría de los investigadores están de acuerdo en que un nivel seguro es de máximo 0.3 miligauss. Wertheimer y Leeper reportaron que los niños que vivían en casas cerca de líneas eléctricas de poder tuvieron 2 o 3 veces mayor posibilidad de desarrollar cáncer, particularmente leucemia, linfomas y tumores del sistema nervioso que los niños que viven en casas más alejadas de estas configuraciones de alta corriente. Estos resultados fueron confirmados en general por estudios subsecuentes controlados hechos por Savitz et al. En 1989 la Oficina de Evaluación Tecnológica (OTA) publicó un descubrimiento clave que indica que los campos electromagnéticos de 60 Hz y otras bajas frecuencias pueden interactuar con los órganos y las células individuales produciendo cambios biológicos.
Nosotros recomendamos que para disminuir nuestro nivel de fuerza de nuestro campo electromagnético interior, desconectemos todos nuestros aparatos eléctricos, cuando no los estemos utilizando, ya que, muchos de ellos, a pesar de estar apagados, siguen produciendo un campo electromagnético si permanecen conectados a la línea eléctrica. Uno de los aparatos domésticos más comunes en nuestros días, es la televisión, la cual, además de producir una pequeña cantidad de radiación ionizante (como rayos X) también produce radiación no ionizante electromagnética que sale de todo el aparato. Aclaro esto porque muchas personas piensan que solamente se emiten campos electromagnéticos enfrente del aparato de televisión.
Nuestros televisores son una fuente radiante de amplia banda, de los 60 Hz hasta radio frecuencias dentro del rango de los MHz. Las radiaciones emitidas por la TV salen en todas direcciones. Podemos decir, de una manera general que entre más grande es la televisión, mayor es la fuerza del campo electromagnético que emite y por consiguiente se extenderá más lejos. Por todo esto, recomendamos que las personas (particularmente los niños) al ver la TV se sienten a una distancia donde el nivel de fuerza del campo electromagnético sea máximo de 1 miligauss
Con relación a las terminales de video de las computadoras, podemos decir que aquí el problema es mayor, ya que muchas computadoras tienen pegado el teclado a la pantalla, lo cual, aumenta la dosis de radiación. Además de estar exactamente al nivel de la cabeza. En estos casos, recomendamos que el operador esté al menos a un metro de distancia de la terminal de video para evitar riesgos y que el nivel electromagnético sea de aproximadamente 1 miligauss. En la actualidad, cada vez son más las compañías que producen computadoras que emiten un nivel bajo de radiación.
Otro punto relacionado con los campos electromagnéticos son las luces fluorescentes. Todos sabemos que son más baratas y duran más que las incandescentes. Es muy importante recalcar que la luz fluorescente, además de producir una luz con espectro mucho más angosto (lo cual, no es bueno biológicamente), produce un campo electromagnético más fuerte. Por ejemplo, si medimos el campo magnético de un foco de 60 wats incandescente, encontraremos a 5 cm de distancia un nivel de 0.3 miligauss. Si valoramos el campo electromagnético a una distancia de 15 cm, veremos que es de .05 miligauss. En cambio, si hacemos lo mismo con un foco fluorescente, veremos que a 5 cm de distancia un foco de 10 wats produce un campo electromagnético de 6 miligauss y a 15 cm, el campo es de 2 miligauss; fuera del rango de seguridad desde el punto de vista biológico.
En los estudios que hicimos hace algunos años en el Programa de Estudios de Medicinas Alternativas de la Universidad de Guadalajara hemos corroborado que un reloj eléctrico produce un campo magnético sorprendentemente alto por el pequeño motor eléctrico que lo activa. Hemos visto que un reloj eléctrico común en el buró de la recámara produce un campo magnético de 5 a 10 miligauss a 70 cm de distancia, es decir, directamente sobre la cabeza del propietario. Por lo cual, recomendamos que se usen relojes de baterías.
Los secadores comunes de pelo, producen en general un campo magnético muy fuerte. Por ejemplo, uno de 1200 wats produce a 15 cm de distancia, un campo de 50 miligauss. Para una persona que lo usa diario sólo para secar su pelo, tal vez, la dosis no es muy alta, pero hay reportes preliminares de que las estilistas que los usan diario durante varias horas, tienen una incidencia de cáncer de senos más alta que la del público en general.
Con relación a los calentadores eléctricos, podemos decir que la mayoría de ellos producen un campo de 23 miligauss a 15 cm y algunos más modernos que se colocan en los techos llegan a producir un campo de 10 miligauss en el cuarto entero!
Los hornos de microondas ofrecen el mismo problema que las computadoras en lo que se refiere a la emisión de campos electromagnéticos. No existe un nivel seguro de exposición a las microondas determinado todavía, por lo cual, les recomendamos a los usuarios, revisarlos regularmente para evitar la liberación anormal de radiación y recalcamos que no deben acercarse al horno de microondas mientras esté funcionando.
En nuestros días, tenemos una gran variedad de aparatos radiotransmisores, los cuales, anteriormente sólo utilizaban gentes que los necesitaban para poder trabajar como la policía, bomberos, etc. Ahora, tenemos radio CB, teléfonos inalámbricos, teléfonos celulares, sistemas de seguridad de casas y oficinas, juguetes de control remoto y tantos otros aparatos. El Dr. Samuel Miham del Departamento de Salud del Estado de Washington ha reportado una incidencia de leucemia mucho mas alta entre los operadores amateur de radio que el público en general. Por lo cual, se recomienda que todos estos aparatos se utilicen únicamente cuando sea necesario y por el período más corto posible de tiempo.
Como todos sabemos, en la actualidad nos estamos enfrentando a enfermedades que eran desconocidas hace algunos años. También se ha visto que muchas enfermedades que consideraban erradicadas, están regresando. Los nuevos paradigmas de la ciencia nos pueden dar algunas claves para conocer el surgimiento de estas enfermedades y la reaparición de las consideradas erradicadas. En teoría, una enfermedad que aparece de ninguna parte, puede estar causada por un cambio genético en un microorganismo preexistente (una bacteria o un virus) que produce nuevas características patológicas.
Por otro lado, algunos investigadores consideramos que lo que sucede es que el debilitamiento del campo magnético de la tierra y el exceso de otros campos electromagnéticos en otras frecuencias, está causando que la resistencia inmunológica de la humanidad disminuya gradualmente.
Se puede agregar al debate de los campos electromagnéticos y la salud, una relación interesante entre la enfermedad de Alzheimer y la exposición a los mismos. En un congreso reciente realizado en Minneapolis, el investigador Joseph Sobel de la Universidad del Sur de California reportó sobre tres estudios que demuestran lazos dramáticos entre la exposición en el lugar del trabajo a fuertes campos electromagnéticos y un riesgo posterior a la enfermedad degenerativa del cerebro. Los sujetos a exposiciones altas fueron 3 veces más propensos a desarrollar la enfermedad de Alzheimer que la gente que no trabajaba alrededor de campos eléctricos. Dos de estos estudios se realizaron en Finlandia, otro en Los Angeles. Se incluyeron 386 pacientes y 475 sujetos de control.
Cada vez son más los gobiernos que toman acción concreta en informar a la ciudadanía sobre los efectos de los campos magnéticos. Por ejemplo, el Departamento de Servicios de Salud del Estado de California publicó un estudio llamado Los campos magnéticos y eléctricos: mediciones y posibles efectos en la salud humana. También existe un protocolo para la medición de los campos magnéticos de 60 Hertz en las casas.
Dr. Héctor E. Solórzano, M.D., D.Sc.
Presidente de la Sociedad de Retroalimentación biológica de Guadalajara
Presidente de la Sociedad Médica de Investigaciones Enzimáticas, A.C.
Presidente de la Sociedad de Investigación de Acupuntura y Medicina Oriental, A.C.
El cáncer de mama y el medio ambiente |
| 11-07-2009 | El cáncer de mama es una enfermedad de gran importancia para la salud pública. |
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Según la Agencia Internacional para la Investigación sobre el Cáncer de la Organización Mundial de la Salud, el cáncer de mama es el que más se da entre las mujeres del mundo.
Los índices de casos nuevos son más altos en los países industrializados, pero están aumentando rápidamente en algunos países en vías de desarrollo (1). En los pocos países desarrollados en donde los programas de cribado a gran escala se han convertido en algo rutinario recientemente, parte del aumento se puede atribuir a la mejoría en la detección mediante mamografía, que permite localizar pequeños tumores años antes de lo que se habrían podido detectar por otros medios. Aunque el uso creciente de la mamografía pueda explicar parte del aumento en el número de casos detectados en los Estados Unidos y en algún otro país desarrollado, no puede explicar los aumentos recientes y bastante sustanciales que se han dado en ciertas regiones de Europa Central y de Asia en las que no se llevan a cabo campañas de cribado (2).
Desde hace ya más de tres décadas, los científicos han identificado de forma sistemática una serie de factores de riesgo que la mayoría cree que son responsables de hasta un 40 por ciento del total de casos de cáncer de mama. Entre los factores de riesgo que se han establecido para el cáncer de mama están: tener periodos menstruales que comienzan antes de los 12 años y terminan después de los 55, no tener hijos o tenerlos a edad avanzada, no amamantar a los hijos, la exposición reiterada a dosis relativamente altas de radiación desde una edad temprana, la obesidad tras la menopausia y antecedentes familiares de cáncer de mama en una pariente próxima que lo haya tenido antes de la edad de 40 años (3). Se sospecha de otros factores que pueden aumentar el riesgo, pero los datos están menos claros. Entre éstos se cuentan: beber alcohol diariamente, falta de ejercicio vigoroso, escasa ingestión de vitamina D y de fibra, fumar de forma activa o pasiva y vivir cerca de instalaciones químicas (4).
A pesar de la persistente atención pública que se da a los genes heredados predisponentes al cáncer de mama, menos de uno de cada diez casos se dan en mujeres nacidas con defectos en los genes de cáncer de mama más importantes que se han identificado hasta la fecha: BRCA1, BRCA2 y ATM (5). Se cree que el cáncer de mama, como todos los demás, surge a partir de un proceso en varios pasos que supone el daño secuencial o simultáneo a varios genes que controlan el crecimiento y la maduración de las células. El daño genético puede ocurrir también cuando una célula copia mal su propio ADN durante la división celular y no consigue reparar ese error. Las diferencias metabólicas en el modo en que el cuerpo procesa los compuestos que están afectados por factores genéticos también pueden incidir en el riesgo de que se desarrolle un cáncer. (6).
Así que, aunque ciertos factores de riesgo de cáncer de mama, tales como la edad a la primera menstruación, la dieta y la predisposición genética, son bien conocidos desde hace varios años, muchos cánceres de mama se dan en mujeres en las que no concurre ninguno de esos factores (7). Los científicos no saben explicar por qué hoy se dan más casos de cáncer de mama. Sin embargo, un conjunto de pruebas creciente y complejo sugiere que el entorno externo general -incluidos el comportamiento, la dieta y la exposición a elementos físicos y químicos- desempeña un papel principal en el aumento del cáncer de mama. El medio ambiente general puede inducir el cáncer de mama mediante dos mecanismos diferentes: la exposición al medio ambiente puede dañar los genes directamente, o puede afectar la producción global de hormonas reguladoras del crecimiento tales como son el estrógeno, la progesterona y otras sustancias similares producidas naturalmente (8).
El momento en que se produce la exposición puede resultar tan importante como el grado de exposición a uno o más de estos factores de riesgo por lo que se refiere al desarrollo de la enfermedad, y la exposición prenatal resulta especialmente importante.
Se han obtenido más indicios de que los factores medioambientales influyen en el desarrollo del cáncer de mama al observar que hay una considerable variación geográfica en los casos de cáncer de mama tanto entre grupos étnicos distintos como dentro de esos grupos. Ha habido estudios que han demostrado que las mujeres asiáticas que viven en los Estados Unidos presentan tasas más elevadas de cáncer de mama que las que viven en sus países de origen (9).
Hay muchos datos que demuestran que la exposición acumulativa de la mujer al estrógeno aumenta el riesgo de desarrollar cáncer de mama. Cuanto más tiempo esté expuesta una mujer al estrógeno a lo largo de su vida, más probabilidades tendrá de padecer ese cáncer. Las mujeres que comienzan la menstruación a una edad temprana y entran en la menopausia a una edad más avanzada, por ejemplo, resultan más vulnerables al cáncer de mama que las mujeres que menstrúan durante menos tiempo de sus vidas. La reducción del estrógeno mediante la extirpación quirúrgica de los ovarios puede reducir el riesgo de cáncer de forma significativa; amamantar, que rebaja la exposición acumulativa al estrógeno al alterar las menstruaciones regulares, también reduce algo el riesgo (10). Además, las mujeres que padecen toxemia durante el embarazo presentan niveles hormonales más bajos. Un estudio reciente sugiere que las hijas de estas mujeres tienen menos riesgo de sufrir cáncer de mama, posiblemente porque sus células mamarias, cuando se estaban desarrollando, se vieron sometidas a menores niveles prenatales de hormonas circulantes (11).
¿De qué modo pueden influir los estrógenos y otras hormonas en que aumente el riesgo de cáncer de mama?
Se cree que las hormonas, especialmente las que no están ligadas a proteínas y se excretan rápidamente a través del metabolismo normal, fomentan el crecimiento de las células mamarias dañadas genéticamente, haciendo que se conviertan en cánceres clínicamente relevantes. Los momentos en que las células se están dividiendo rápidamente, como en el periodo prenatal y en la pubertad, también son momentos en los que existe una mayor vulnerabilidad ante los daños genéticos susceptibles de causar enfermedad, porque los mecanismos de reparación pueden no funcionar a una velocidad equiparable a la del crecimiento celular. Hay estudios que sugieren que la exposición prenatal a niveles elevados de estrógeno aumenta el riesgo de cáncer de mama en la descendencia, quizá porque afecta de forma permanente a la sensibilidad de las células mamarias ante el estrógeno. Estas pruebas sobre el papel que desempeñan las hormonas naturales en el riesgo de aparición de cáncer han llevado a la hipótesis de que quizá las hormonas sintéticas también puedan influir. A lo largo de las tres últimas décadas se ha producido una convergencia de varias líneas de estudios que indican que una serie de compuestos sintéticos que se utilizan habitualmente pueden modificar o simular la acción del estrógeno natural en el organismo (véase el cuadro sobre simulación de hormonas en el capítulo 2). Algunos de estos compuestos que simulan las hormonas pueden ser beneficiosos, como los que se suelen encontrar en las plantas o en el pescado. Por el contrario, otros compuestos que simulan hormonas parecen ser generalmente perjudiciales, como los que a menudo se encuentran en los pesticidas, los plásticos y los combustibles. En estudios experimentales llevados a cabo en animales y humanos se han detectado niveles más altos de algunos de estos compuestos en organismos que presentaban alteraciones en el funcionamiento hormonal o padecían otros problemas de salud, incluidos defectos en el desarrollo y el comportamiento (12).
Basándonos en estas observaciones, mis colegas del Laboratorio de Investigación del Cáncer Strang-Cornell de la ciudad de Nueva York y yo hemos formulado la hipótesis de que esas mismas exposiciones medioambientales que perturban las hormonas quizás desempeñen un papel en el desarrollo del cáncer de mama, si alteran los efectos del estrógeno natural. Nuestra teoría es que algunos de estos xenoestrógenos pueden aumentar el riesgo de cáncer al afectar de forma adversa al metabolismo del estrógeno, mientras que otros xenoestrógenos procedentes de plantas como la soja pueden proteger contra la enfermedad. Los estrógenos naturales y los xenoestrógenos pueden conducir al cáncer de mama a través del mismo mecanismo. Tanto los propios estrógenos naturales del cuerpo como los xenoestrógenos pueden ligarse a los receptores de estrógeno y alterar la cantidad y la calidad del estrógeno que produce el organismo. El estradiol, que es la clase principal de estrógeno que generan las mujeres se metaboliza en el cuerpo en formas diferentes, que producen efectos muy distintos sobre el cuerpo. Se cree que existen formas 'buenas' y 'malas' de estos metabolitos del estrógeno. El estrógeno bueno parece fomentar la reparación celular y evitar la aparición del cáncer al potenciar los factores protectores del ciclo celular que no favorecen al cáncer. Por el contrario, el estrógeno malo parece estimular un daño a los genes protectores que produce cáncer, y aumentar las cantidades globales de hormonas libres; cualquiera de estos dos factores puede desencadenar el crecimiento acelerado de las células mamarias. Este crecimiento estimulado aumenta las posibilidades de que se produzca y se mantenga el daño genético (13). Los estudios realizados con animales y con humanos sugieren que existe una relación entre niveles elevados de estrógeno malo y un aumento en el riesgo de aparición de cáncer de mama (14).
Aunque aún no hay pruebas concluyentes para esta hipótesis, análisis experimentales recientes han venido a aportar un nuevo apoyo para esta teoría. Mis colegas de Strang y yo descubrimos que las células de cáncer de mama humano presentaban niveles del estrógeno malo más de cuatro veces superiores a los de las células mamarias normales. Cuando se les añadieron plaguicidas organoclorados a las células de cáncer de mama, la proporción de las cantidades de estrógeno bueno y malo varió de forma significativa (15). Estos plaguicidas, que tienden a acumularse en los adipocitos, pueden haber influido de algún modo en la formación de diferentes metabolitos del estrógeno. Estos y otros descubrimientos nos llevaron a plantear la hipótesis de que la exposición a ciertos tipos de xenoestrógenos presentes en el medio ambiente podría explicar una parte del aumento en la incidencia del cáncer de mama al alterar la relación de estrógenos buenos y malos en el tejido mamario. Una serie de estudios limitados que se llevaron a cabo en las décadas de 1970 y 1980 descubrió que las mujeres que presentaban niveles más altos de metabolitos del DDT en la sangre corrían mayores riesgos de desarrollar cáncer de mama (16).
Por contraste con estos estudios experimentales sobre la capacidad para alterar las hormonas que se encuentra en los productos químicos, los estudios en humanos no han podido hallar de forma sistemática una asociación entre algunos residuos de plaguicidas lipófilos y el cáncer de mama.
En tres estudios recientes no se ha podido hallar ninguna conexión entre el riesgo de cáncer de mama y la presencia en el organismo de metabolitos del DDT, del que se sospecha es un simulador del estrógeno (17) (18). Sin embargo, en estos estudios, tanto las mujeres que padecían cáncer de mama como aquéllas con las que se las comparó, presentaban unos niveles de metabolitos de pesticida del DDT que eran casi sólo la sexta parte de los detectados en los Estados Unidos a finales de la década de 1960 (19). Además, en todos estos experimentos no se pudo obtener información sobre las posibles exposiciones prenatales a xenoestrógenos dañinos, ni sobre el historial de un uso prolongado de, o de exposición a, posibles xenoestrógenos malos o buenos, como los que se encuentran en las plantas, el pescado y la fibra. En resumen, que la investigación no es concluyente.
Lograr documentar el papel de los xenoestrógenos potencialmente dañinos, como lo son algunos pesticidas organoclorados de larga vida, presenta un reto formidable a la investigación epidemiológica. En parte esto se debe a que otros factores coadyuvantes, tanto positivos como negativos, no se pueden medir fácilmente y pueden tener una importancia relativamente mayor. Por ejemplo, entre algunas de las fuentes relevantes de estrógenos malos que quizá sean causantes del cáncer de mama podrían encontrarse exposiciones, ocurridas dos o tres décadas antes, a materiales de uso muy difundido, como plásticos, combustibles y fármacos, ninguno de los cuales se podría detectar años después, puesto que no se acumulan en la grasa. Concuerda con esta idea un estudio reciente que descubrió que las mujeres postmenopáusicas que nunca habían dado el pecho tenían un riesgo mucho mayor de desarrollar cáncer de mama cuando se las comparaba con aquellas que sí habían amamantado a sus hijos. La lactancia puede hacer que pasen materiales, como los organoclorados, del pecho a los lactantes. Mientras que esto puede reducir el riesgo de que la mujer desarrolle un cáncer de mama, las consecuencias que puedan sufrir a largo plazo los niños que han sido expuestos a niveles más altos de ese tipo de contaminantes en la leche materna son una causa de preocupación (20).
¿Cómo podrían penetrar en el cuerpo los xenoestrógenos dañinos y actuar sobre las células mamarias y el cerebro en fase de desarrollo? Una vía que parece muy probable es a través de las grasas animales en la dieta. Los xenoestrógenos dañinos sintéticos tienden a acumularse en el tejido adiposo y a subir por la cadena alimentaria. Algunos exoestrógenos sintéticos acaban en los alimentos porque una vez que han penetrado en el medio ambiente pueden persistir y acumularse durante más de 50 años. Las personas que viven en zonas donde hay contaminación podrían verse expuestas a los exoestrógenos dañinos por el mero hecho de respirar el aire o beber agua contaminados. También se pueden dar exposiciones laborales a los xenoestrógenos, por ejemplo en los laboratorios químicos y en las plantas industriales.
Algunos investigadores, como Stephen Safe de la Universidad A&M de Texas, ponen en duda que los xenoestrógenos desempeñen algún papel en la aparición del cáncer de mama. Señalan que las personas se ven expuestas a cantidades minúsculas de productos químicos potentes que se hallan en el medio ambiente y que son mucho menos potentes que el estrógeno natural, como los que se producen en el propio cuerpo o se derivan de las plantas. Además, los estrógenos que se hallan en plantas comestibles como la soja parece que hacen disminuir los efectos estrogénicos dañinos, cancelando las influencias de los estrógenos malos. Estas observaciones son correctas, mas están incompletas. Es cierto que cualquier xenoestrógeno sintético puede penetrar en la sangre en cantidades muy pequeñas, en comparación con las hormonas naturales propias del cuerpo. Sin embargo, una vez dentro del organismo, muchos xenoestrógenos sintéticos lipófilos tienden a permanecer durante décadas en los tejidos y no se excretan fácilmente. Por el contrario, los estrógenos procedentes de plantas normalmente se degradan pronto en el cuerpo. Así pues, parece poco probable que los estrógenos naturales que normalmente consume la gente en su dieta puedan anular completamente la actividad de los compuestos sintéticos persistentes y acumulativos.
Somos conscientes de que los xenoestrógenos no pueden ser la causa de todos los casos de cáncer de mama que se dan. El hecho de que recientemente se hayan encontrado niveles bajos de organoclorados en la sangre y en la grasa nos indica de forma alentadora que han tenido éxito algunos esfuerzos realizados en el pasado para reducir o prohibir el uso de tales compuestos. Pero la variedad de sustancias que pueden alterar el metabolismo hormonal parece ser muy extensa, y aún no está bien caracterizada. El efecto combinado sobre la salud humana y ecológica sigue siendo motivo de grave preocupación. A diferencia de lo que ocurre con otros factores ya establecidos que inciden en el riesgo de aparición de cáncer de mama, como son la menstruación temprana y la menopausia tardía, la exposición a los xenoestrógenos sintéticos se puede reducir o controlar mediante políticas públicas. Además, los xenoestrógenos beneficiosos, como los que se encuentran en el brócoli, la soja y el pescado, pueden resultar útiles para prevenir que la enfermedad aparezca o recurra. Si el reducir las exposiciones evitables a los xenoestrógenos dañinos y fomentar el uso de las sustancias beneficiosas hicieran posible que evitásemos tan sólo la quinta parte de los cánceres de mama que se dan cada año, millones de mujeres -y allegados- se evitarían la carga de esta difícil enfermedad, y los contribuyentes se ahorrarían el creciente gasto en tratamientos y cuidados. Estas perspectivas son demasiado prometedoras como para desecharlas.
Devra Lee Davis
Devra Lee Davis es directora del programa de Salud, Medio Ambiente y Desarrollo del Instituto de Recursos Mundiales, y forma parte, por designación presidencial, del Consejo Nacional de Seguridad e Investigación sobre Riesgos Químicos de los EE UU
Referencias y notas
1. D. M. Parkin et al., eds., 'Cancer Incidence in Five Continents', Vol. VII, IARC (International Agency for Research on Cancer) Scientific Publications No. 143 (OMS/IARC, I.yoll, France), en CD-ROM.
2. Devra Lee Davis et al., 'Environmental Influences on Breast Cancer Risk', Science and Medicine, Vol. 4,No. 3 (Mayo- Junio 1997), p. 56.
3. M.P. Madigan et al., 'Proportion of Breast Cancer Cases in the United States Explained by Well-Established Risk Factors', Journal of the National Cancer Institute, Vol. 87, No. 22 ( 1995), pp. 1681-1685.
4. Op. cit. 2, p. 58.
5. Op. cit. 2.
6. Christine B. Ambrosone et al., 'Cigarette Smoking, N-Acetyltransferase 2 Genetic
Polymorphisms, and Breast Cancer Risk' Journal of the American Medical Association, Vol.276, No. 18 (13 nov., 1996 ), p. 1 494.
7. Devra Lee Davis et al., 'Recent Developments on the Avoidable Causes of Breast Cancer', en Preventive Strategies for Living in a Chemical World: A Symposium in Honor of Irving J. Selikoff, Annals of the New York Academy of Sciences, Vol. 837, Eula Bingham y David P. Rall, eds. (New York Academy of Sciences, Nueva York, 1997), p. 514,
8. Ibid., p. 520.
9. Regina G. Ziegler et al., 'Migration Patterns and Breast Cancer Risk in Asian-American Women', Journal of the National Cancer Institute, Vol. 85, No. 22 (17 nov., 1993), pp. 1819-1827.
10. Op. cit. 2.
11. Anders Ekbom et al, 'Intrauterine Environment and Breast Cancer Risk in Women: A Population-Based Study', Journal of the National Cancer Institute, Vol. 89, No. 1 (1 enero, 1997), pp. 71-72.
12. Theo Colborn, Dianne Dumanoski, y John Peterson Myers, , 'Nuestro futuro robado: Are We Threatening Our Fertility, Intelligence, and Survival?' -A Scientific Detective Story (Ecoespaña, Ángel Muñoz, Editor), pp. 47-67.
13. H. Leon Bradlow et al., 'Effects of Pesticides on the Ratio of 16~/2' Hydroxyestrone: A Biologic Marker of Breast Cancer Risk', Environmental Health Perspectives, Vol. 103, Supplement 7 (Octubre 1995), pp. 147-150.
14. Devra Lee Davis et al., 'Medical Hypothesis: Xenoestrogens as Preventable Causes of Breast Cancer', Environmental Health Perspectives, Vol. 101, No. 5 (Octubre 1993), pp. 372 377.
15. Op. cit. 13.
16. Op. cit. 2, pp. 60-61.
17. David J. Hunter et al., 'Plasma Organochlorine Levels and the Risk of Breast Cancer', The New England Journal of Medicine, Vol. 337, No. 18 (2 octubre, 1997), pp. 1253-1258.
18. Nancy Krieger et al., 'Breast Cancer and Serum Organochlorines: A Prospective Study Among White, Black, and Asian Women', Journal of the National Cancer Institute, Vol. 86, No. 8 (20 abril,1994), pp. 589-599.
19. Op. cit. 17.
20. Joseph L. Jacobson y Sandra W. Jacobson, 'Intellectual Impairment in Children Exposed to Polychlorinated Biphenyls in Utero', New England Journal of Medicine, Vol . 335, No. 11 (1996), pp. 783 789.
Cinco enfermedades crecerían en el país por el cambio climático-ARGENTINA |
17-05-2009 | SEGUN ESPECIALISTAS ARGENTINOS, SON EL DENGUE, LA MALARIA, EL COLERA, LA FIBRE AMARILLA Y EL HANTAVIRUS
El calor es el 'asesino silencioso', dice un informe internacional. Los mayores riesgos. |
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Si bien hace años que se habla del tema, el calentamiento global todavía parece algo lejano, con consecuencias más cercanas a las de un argumento de película de ciencia ficción que a la cotidianeidad. Sin embargo, el calentamiento global se traduce en más dengue, malaria, cólera, fiebre amarilla y hantavirus, sólo para dar algunos ejemplos. Ese no es sólo el pronóstico de todos los científicos que siguen el tema sino que ya es una realidad de la que no escapa ningún país de la Tierra. Sólo en lo que va del año Argentina sufrió el desastre de Tartagal y sigue sumando enfermos de dengue.
Argentina está señalada como uno de los países que peor actúa con respecto a la deforestación. 'Es la segunda causa de emisión de gases que contribuyen a la formación del agujero de ozono. La fiebre amarilla es una de sus consecuencias -explica a Clarín Pablo Canziani, investigador del Conicet y director del Programa de Estudios de Procesos Atmosféricos en el Cambio Global de la UCA-. El dengue y la malaria tienen que ver con el mosquito, los roedores traen el hantavirus, el agua el cólera'.
Algo similar explicó Edgardo Marcos, subdirector del Instituto de Zoonosis Luis Pasteur: 'Las altas temperaturas y el aumento de lluvias favorecen la reproducción de mosquitos, que son los vectores que transmiten las enfermedades infecciosas'. Canziani dice más: 'El bosque regula el sistema de agua, provocando más sequía y más inundaciones, que derivan en gastroenteritis y problemas de nutrición'. Los problemas no terminan ahí. 'Ya hay más casos de alergia en zonas urbanas por el cambio de fechas de floración de plantas, combinado con mayores temperaturas y la contaminación del aire, afecta las vías respiratorias', dice Canziani. El especialista habla de mayor mortalidad de chiquitos y ancianos por los golpes de calor cada vez más frecuentes.
Según publicaron en la revista The Lancet científicos de la University College de Londres, antes del 2090 subirá tres grados la temperatura en la Tierra. En Siberia, Canadá y Groenlandia el aumento será de cinco grados. El calor es 'el asesino silencioso'. Se subraya el riesgo del abastecimiento de agua limpia y alimentos, con la consecuente desnutrición y enfermedades diarréicas. Los que más perderán son los pobres. Según el informe, 'la pérdida de años de vida saludable será 500 veces mayor en Africa que en Europa, pese a que los países africanos contribuyen poco al calentamiento global'. Un o de los especialistas aseguró: 'El cambio climático es una cuestión sanitaria que afecta a miles de millones de personas y no un problema medioambiental que afecta a los osos polares y a los bosques. Los efectos se sentirán en todo el mundo y no en un futuro lejano sino en el transcurso de nuestras vidas y en la de nuestros hijos'.
Fuente Clarin
El cambio climático, la mayor amenaza para la salud mundial en el siglo XXI |
17-05-2009 | Científicos británicos sostienen que el aumento de temperaturas hará crecer la incidencia de enfermedades tropicales |
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Ni la gripe A, ni el sida, ni la obesidad. La mayor amenaza para la salud mundial en el siglo XXI es el cambio climático, según sostiene un informe elaborado por la revista médica 'The Lancet' y por científicos del University College de Londres, que instan a llevar a cabo una acción urgente al respecto. Este trabajo pretende ser un modelo para que los gobiernos actúen de manera multidisciplinar contra el calentamiento global.
'El cambio climático es una cuestión sanitaria que afecta a miles de millones de personas y no sólo un problema medioambiental', dijo Anthony Costello, principal responsable del informe. El impacto de lo que ya está pasando 'no será algo que percibamos en un futuro lejano, sino durante nuestras vidas y, definitivamente, en las vidas de nuestros hijos y nietos', alertó el experto. Según Costello, el aumento de la temperatura media de la Tierra es una realidad y es cuestión de tiempo notar sus efectos. 'No debemos pensar si Groenlandia se va a derretir, sino cuándo. Debemos pensar en cuándo se inundarán Nueva York y Londres si la temperatura de los polos sube cinco grados centígrados de media, lo que hará subir el nivel de los océanos'.
Enfermedades tropicales
No obstante, las mayores consecuencias de las que alerta este informe están referidas a las implicaciones del cambio climático en el ámbito sanitario. Así, el estudio constata que con temperaturas entre dos y seis grados más altas serán más los afectados por enfermedades tropicales, como el dengue y la malaria.
También se dispararán las muertes por ola de calor, indica el informe. Este fenómeno causó la muerte de unas 70.000 personas en Europa en el verano de 2003 y cada año provoca fallecimientos no registrados de decenas de miles de personas en países en desarrollo.
Fuente EROSKI
Gripe A, un problema también medioambiental |
17-05-2009 | Las malas condiciones del ganado, el inadecuado tratamiento de los residuos o la contaminación del aire pueden haber favorecido el surgimiento de la enfermedad |
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Diversos científicos y grupos defensores de los animales subrayan el carácter medioambiental de la gripe porcina o gripe A . Según ellos, los riesgos de las granjas a gran escala o los problemas de contaminación habrían sido claves en el origen de la enfermedad. Por ello, se insiste en que la sostenibilidad de la producción ganadera y la defensa de las condiciones medioambientales de animales y seres humanos resultan esenciales para evitar este tipo de crisis sanitarias o, cuando menos, reducir sus consecuencias.
La gripe A era sólo cuestión de tiempo, según varios expertos que llevan desde hace años subrayando el potencial de las grandes granjas industriales en el surgimiento de enfermedades. En 2003, un artículo de la revista Science indicaba que la concentración masificada de animales en un pequeño espacio, la gran cantidad de residuos producidos, sin un control sanitario estricto, y la utilización generalizada de vacunas, permitían a la gripe porcina (de animal a animal) evolucionar rápidamente.
Asociaciones como AnimaNaturalis aseguran que los cerdos se contagian 'particularmente cuando están hacinados en grandes números', y que las granjas industriales son 'verdaderos caldos de cultivo para todo tipo de enfermedades animales que sólo se mantienen a raya con cócteles de antibióticos y otros químicos'.
Por su parte, un artículo de la revista Public Health Reports se refería en 2008 al posible salto del virus de animales a humanos. Sus autores, un grupo internacional de investigadores, señalaban que las escasas medidas para tratar adecuadamente los animales y sus residuos incrementaban el riesgo de infecciones de tipo vírico y bacterial entre los granjeros y sus familias. Así, calculaban que las bacterias pueden sobrevivir en residuos sin tratar entre dos y doce meses y los virus entre tres y seis meses. Asimismo, los investigadores apuntaban a las moscas del estiércol como posibles vectores (transmisores) de enfermedades.
Origen estadounidense
Algunos expertos sostienen que el actual virus que ha causado la alarma mundial no habría surgido de cero en Méjico. En un reciente artículo de la revista New Scientist se habla de la actual gripe A como una 'pandemia predecible'. Su autora, Debora MacKenzie, explica que este virus tiene sus orígenes en un brote ocurrido en 1998 en granjas de Estados Unidos (EE.UU.) con una mezcla de genes de cerdos, aves y humanos.
En este sentido, MacKenzie cita el trabajo de un grupo de investigadores del Instituto Nacional de Salud (NIH) de EE.UU., que en 2006 también hablaban de estas granjas a gran escala. Los científicos recalcaban que facilitan la rápida transmisión y mezcla de los virus y que 'el número cada vez mayor de criaderos de cerdos en las cercanías de criaderos de aves podría promover aún más la evolución de la próxima pandemia.' Asimismo, en 2004, Richard Webby, del St. Jude's Children's Research Hospital afirmaba que a uno de cada cinco trabajadores de granjas porcinas norteamericanas se le habían detectado anticuerpos de la gripe porcina.
Tom Philpott, de la revista medioambiental Grist, sugiere por ello que un brote surgido en una granja a gran escala estadounidense podría haber llegado a otra granja similar mejicana y mutar para convertirse en el problema actual. En concreto, señala a Smithfield, una multinacional estadounidense de este sector que posee en el estado mejicano de Veracruz una de estas factorías porcinas, con el nombre de 'Granjas Carroll'.
Philpott recuerda que en febrero el 60% de los habitantes del pueblo en que se ubica dicha instalación sufrieron una enfermedad con los mismos síntomas que la actual gripe A. Por su parte, los responsables de Smithfield lo atribuyeron a una gripe normal, y han asegurado que no se han encontrado indicios ni síntomas de la presencia de gripe porcina en los animales o en los trabajadores que la empresa tiene en Méjico.
No obstante, la Organización Mundial de la Salud (OMS) advierte de que el virus también se extiende mediante cerdos portadores asintomáticos, es decir, sin los típicos síntomas de padecer la enfermedad. Por su parte, investigadores del Departamento de Agricultura de EE.UU. (USDA en sus siglas en inglés) recuerdan que mientras la vacunación evita que los cerdos enfermen, no bloquea la infección del virus.
Asimismo, la ONG Grain, que promueve la biodiversidad agrícola sostenible, asegura que no es la primera vez que Smithfield recibe quejas por malas prácticas en países con legislaciones medioambientales y sanitarias menos estrictas.
Hacia un sistema ganadero sostenible
La producción ganadera a gran escala no ha parado de crecer en los últimos años. Los responsables del artículo de la revista Public Health Reports indicaban que se ha expandido rápidamente en Asia, África, América Latina, África del Norte y el Próximo Oriente. Por ejemplo, en China, la producción porcina ha pasado de 42 a 51 millones de toneladas de 2001 a 2006. Por su parte, la Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación (FAO) estimaba en 2003 que mundialmente se producen 140 millones de toneladas de restos de aves y 460 millones de restos porcinos.
Asimismo, los expertos de la FAO recuerdan el impacto medioambiental de esta producción: su efecto en el cambio climático es importante, ya que se le responsabiliza del 9% del CO2 y del 37% de todo el metano (23 veces más veces más perjudicial que el CO2) producido por la actividad humana. Además, también son parte del problema de la deforestación, al provocar la tala de bosques para su conversión en pastizales.
Por su parte, los defensores de los derechos animales, además de señalar las malas condiciones de estas instalaciones, subrayan las drásticas consecuencias que para los animales suelen conllevar estas crisis sanitarias. Por ejemplo, en la gripe aviar de 2005 se quemaron vivas aves sospechosas de portar el virus, mientras que en la actual gripe A el Gobierno egipcio ha decidido sacrificar toda la cabaña porcina de su país.
En definitiva, se reclama un sistema de producción ganadera sostenible, que prime el cuidado de las condiciones de los animales, sus cuidadores y su entorno frente al aumento de la producción.
Gripe A, contaminación del aire y clima
Los expertos también se preguntan por qué en Méjico la gripe A ha sido más virulenta que en otros países. Entre las posibles explicaciones, algunos especialistas señalan también cuestiones medioambientales. La elevada contaminación del aire que sufren los habitantes de la capital mejicana implica un sistema respiratorio más débil, lo que facilita la actividad de esta enfermedad. Se recuerda que los fallecidos en Méjico presentaban una neumonía severa causada por el virus.
Otra posible explicación podría hallarse en las carencias nutricionales de algunas comunidades de aquel país. Una peor alimentación implica que las defensas ante posibles enfermedades sean más bajas, lo que también facilitaría la acción de la gripe A.
Algunas fuentes incluso lo relacionan con el cambio climático, pero expertos como Jorge Olcina, climatólogo de la Universidad de Alicante, recuerdan que si bien podrá provocar otros efectos relacionados con la salud humana, no parece estar detrás del brote actual de peste porcina.
En cualquier caso, las instituciones sanitarias recalcan que todavía no se conocen con exactitud las causas de esta especial virulencia en Méjico, por lo que insisten en la necesidad de mayores investigaciones.
Fuente EROSKI
Monóxido de carbono en exteriores |
| 29-11-2008 | El monóxido de carbono (CO) es un gas que no se puede ver ni oler, pero que puede causar la muerte cuando se lo respira en niveles elevados. |
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El monóxido de carbono es un producto de la combustión incompleta de los combustibles a base de hidrocarburos como gas, gasolina, queroseno, carbón, petróleo o madera. El monóxido de carbono es emitido:
● Directamente por los tubos de escapes de los vehículos durante el arranque del vehículo
● Cuando el suministro de aire está restringido ('ahogado').
● Cuando los autos no están afinados apropiadamente.
El monóxido de carbono puede afectar a:
● Individuos sanos, deteriorando su capacidad para hacer ejercicios, su percepción visual, su destreza manual, sus funciones de aprendizaje y su habilidad para ejecutar tareas complejas. A cierta altitud, donde el aire es más ligero y se reduce efectivamente la cantidad de oxígeno disponible para la combustión (con la excepción de los autos que están diseñados o ajustados para compensar la altitud).
● Las personas con padecimientos cardíacos son particularmente sensibles al envenenamiento por monóxido de carbono y pueden sufrir dolores en el pecho si respiran el gas mientras hacen ejercicios.
● Los niños pequeños, las personas de edad avanzada y los individuos con padecimientos respiratorios también son particularmente sensibles al monóxido de carbono. Las dos terceras partes de la emisiones de monóxido de carbono en todos los Estados Unidos provienen de las fuentes de transporte, con la contribución mayor proveniente de los vehículos de motor de carreteras.
Esta página Web contiene enlaces con información tanto del sitio Web de la EPA como de otras entidades conocidas acerca fuera de epa.gov , enlaces informativos de cómo el monóxido de carbono en el aire exterior puede afectar su salud y enlaces de información acerca de varios estudios de salud ambiental hispana.
El medio ambiente y su salud: Pesticidas |
| 29-11-2008 | En los Estados Unidos existen más de 17,000 productos pesticidas registrados y unos 800 ingredientes activos relacionados con estos. |
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* El 76% de los pesticidas aplicados anualmente se usan en la industria agrícola.
* Un gran numero de los pesticidas aplicados anualmente son usados en el hogar.
* En los Estados Unidos, la Agencia de Protección Ambiental (EPA, por sus siglas en inglés) regula el uso de los pesticidas bajo la autoridad de la Ley Federal Sobre Insecticidas, Fungicidas y Rodenticidas (FIFRA, por sus siglas en inglés) y la Ley Federal para Alimentos, Drogas y Cosméticos.
* Los pesticidas difieren de otras substancias reguladas por la EPA porque son aplicados intencionalmente sobre cultivos.
* En los Estados Unidos se pueden encontrar pesticidas en casi todos los hogares y empresas en forma de insecticidas, herbicidas, productos para control de pulgas, desinfectantes y químicos para piscinas. También son usados en escuelas, parques y lugares públicos.
* La EPA es responsable bajo la FIFRA de registrar y revocar registros de pesticidas para asegurar que, cuando estos son usados de acuerdo con las indicaciones contenidas en las etiquetas, no representen grandes riesgos para la salud humana o el ambiente.
* Esto involucra a grandes y pequeños productores de pesticidas, formuladores, distribuidores, firmas comerciales de control de plagas, fincas alrededor de la nación, usuarios de la industria y el gobierno, las escuelas y millones de hogares. En fin, el uso de pesticidas nos atañe a todos.
Esta página Web contiene enlaces con información tanto del sitio Web de la EPA como de otras entidades conocidas fuera de www.epa.gov. También incluye enlaces informativos de cómo los pesticidas pueden afectar su salud, y enlaces de información acerca de varios estudios de salud ambiental hispana.
Cambio Climático ¿Podemos evitarlo? |
| 29-11-2008 | El cambio climático podemos y debemos evitarlo ya que tenemos el conocimiento y la tecnología para reducir la emisión de gases y el efecto invernadero. |
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Los expertos no paran de presentar propuestas que aplicándolas podrían evitar el cambio climático.
'Tenemos el conocimiento y la tecnología para reducir las emisiones de gases de efecto invernadero', dijo a BBC Ciencia el doctor Omar Masera, uno de los autores del informe del IPCC.
'Pero tenemos que empezar a implementarlos ya para combatir el cambio climático', agrega.
Según los expertos, esos gases se pueden reducir hasta en 26.000 millones de toneladas para 2030.
'Eso dicen, es más que suficiente para limitar el aumento en las temperaturas que se esperan en el planeta de 2º a 3º centígrados'.
Costo de las medidas para evitar el cambio climático
Esta es la tercera parte del informe del IPCC, el grupo de expertos internacionales que analiza el impacto del cambio climático en el planeta.
Los dos informes previos se centraron en las bases científicas del calentamiento global y sus probables impactos en el mundo.
El tercer informe se concentra en las medidas que se pueden tomar para salvar a la Tierra de los efectos más catastróficos del aumento de las temperaturas.
Si las temperaturas aumentan a 4º C habrá efectos catastróficos en el planeta.
Como ya lo dijeron anteriormente los autores, se cree que las principales responsables de este aumento son las emisiones de dióxido de carbono (CO2) y otros gases contaminantes en la atmósfera.
'Los esfuerzos que hagamos para mitigar estas emisiones en las próximas dos o tres décadas -dice Omar Masera- determinarán el aumento de la temperatura global a largo plazo'.
Pero, agrega, 'sólo lo lograremos si los países están preparados a pagar los costos adiciones para transformar todo, desde las redes de abastecimiento de energía, hasta agricultura y desechos'.
Según el IPCC el costo de estabilizar los gases contaminantes a los niveles que consideran máximos para evitar un cambio climático catastrófico, costarán a la economía global miles de millones de dólares.
Planes para detener el aumento de la temperatura
El informe propone una serie de planes -algunos controvertidos- como aumentar la energía nuclear, los biocombustibles genéticamente modificados y la captura y almacenamiento de CO2. 'Sabemos que distintas tecnologías pueden aplicarse a distintas regiones, pero la clave es la eficiencia energética'.
'Y sabemos también que todavía debemos solucionar varios problemas relacionados a tecnologías como la energía nuclear', dice Omar Masera.
Los autores creen que una solución podría ser la combinación de prácticas existentes, como la eficiencia energética y la energía renovable de parques eólicos y marinos, con ideas más 'futuristas' como autos impulsados por hidrógeno y edificios 'inteligentes' que puedan controlar el uso de energía.
Pero una de las soluciones que podrían ser la más costo-efectiva será proteger a los bosques del mundo.
La tierra, los árboles y la vegetación son una fuente importante de almacenamiento de carbono. 'Necesitamos mejorar la administración de tierras y bosques ya que es una de las formas más fáciles y baratas de reducir emisiones', dice Omar Masera.
'El 65% de la reducción potencial de carbono podría llevarse a cabo en los bosques tropicales'.
La mejor forma de lograrlo, afirman los expertos, es una combinación de la reforestación, evitar la deforestación y promover la agrosilvicultura -el cultivo simultáneo de árboles y cosechas alimentarias-.
Pero las mayores reducciones de gases contaminantes se lograrán en la industria, dice el IPCC. Los expertos sugieren nuevos controles sobre contaminantes industriales como el metano, el óxido nitroso y los hidrofluorocarbonos (HFC) y perfluorocarbonos (PFC), todos potentes gases de invernadero.
Las industrias altamente contaminantes podrían lograr muchos ahorros a largo plazo si invierten en nuevas tecnologías que eviten el carbono, afirma el documento.
Estrategias que podrían evitar el cambio climático
Los expertos calculan que si las emisiones se estabilizan a 450 ppm (algo poco probable) se podría limitar el aumento de la temperatura a 2ºC sobre las temperaturas preindustriales. El aumento en las temperaturas provocará más inundaciones.
Para lograr el rango de 450 - 550 ppm se necesitará un 3% del producto interno bruto (PIB) a nivel mundial en las próximas dos décadas, dice el informe.
Actualmente las emisiones se calculan en 430 ppm.
Pero el punto que ha causado el mayor 'tira y afloja' son las estrategias que deben adoptar los gobiernos para reducir las emisiones contaminantes.
El informe deja en claro que para lograrlo tanto los países desarrollados, incluido Estados Unidos, como las naciones en desarrollo, en particular India y China, deben jugar papeles importantes.
'Los países industrializados deben tener un papel preponderante -afirma Masera-'.
'Pero cada vez es más importante que los países en desarrollo participen en estas estrategias de mitigación'.
Los expertos creen que los acuerdos voluntarios no son efectivos y también pone en duda el éxito de tratados como los de Kioto basados en metas e intercambio de emisiones. El mejor enfoque, afirma el IPCC, es vincular el desarrollo a la inversión en tecnologías limpias.
Fuente: Enbuenasmanos
Sustancias químicas peligrosas: efectos agudos y crónicos en la salud humana |
| 31-08-2008 | Las sustancias químicas, o las mezclas o soluciones que se encuentran en la composición de algunos productos, pueden ser peligrosas por ocasionar daños a la salud de las personas |
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Las sustancias químicas, o las mezclas o soluciones que se encuentran en la composición de algunos productos, pueden ser peligrosas por ocasionar daños a la salud de las personas (sustancias tóxicas, irritantes y corrosivas), daños al medio ambiente, o por el riego de ocasionar accidentes por ser inflamables, comburentes o explosivas.
Los daños ocasionados sobre la salud de las personas se pueden dividir en:
* Efectos agudos: quemaduras, irritación de ojos, de piel o de vías respiratorias, asfixia, mareos, dolor de cabeza, etc., sufridos desde unos segundos hasta unos minutos después de la exposición.
* Efectos crónicos: alergias, asma, enfermedades y lesiones respiratorias, enfermedades y lesiones del sistema reproductor, alteración del sistema hormonal, cáncer, etc. Aparecen unos días, meses o incluso años después de la exposición y, en general, tras una exposición continuada a dosis bajas de las sustancias químicas peligrosas que componen los productos tóxicos.
Efectos agudos
Ejemplos de sustancias concretas
Quemaduras
amoniaco, ácido clorhídrico, hidróxido de sodio
Irritación de ojos, nariz y garganta
hipoclorito de sodio (lejía), acido acético, butoxietanol
Eczema e irritación de la piel
acido peracético, butoxietanol, amoniaco
Nauseas, vómitos, mareos
butoxietanol, dietilendlicolmonobutileter
Dolores de cabeza
amoniaco, metanol, etanol
Efectos crónicos
Ejemplos de sustancias concretas
Lesiones en piel (dermatitis, enrojecimiento, urticaria y sequedad)
hipoclorito de sodio (lejía), propanol
Lesiones en sistema nervioso central
amoníaco, tolueno, metanol, etanol
Lesiones en riñón: insuficiencia renal en casos graves.
butoxietanol, resorcinol
Lesiones en hígado: síntomas digestivos como pérdida de apetito, náuseas, mal sabor de boca
dietilenglicolmonobutileter, resorcinol, amoníaco
Lesiones en pulmones: dificultad respiratoria
ácido clorhídrico (salfuman), formaldehído,peróxido de hidrógeno
Daños a la reproducción
tolueno, tricloroetileno, percloroetileno, ftalatos
Daños al sistema inmunológico
percloroetileno
Asma a
glutaraldehído, formaldehído, cloraminas
Cáncer
tricloroetileno, formaldehído, estireno, naftaleno, paradiclorobenceno,
Disrupción endocrina*
tetracloroetileno, dibutilftalato, estireno
Fuente: Instituto Sindical de Medio Ambiente y Salud (ISTAS).
* Los disruptores endocrinos son sustancias químicas capaces de alterar el sistema hormonal y ocasionar diferentes daños en la salud de las personas. Los efectos más preocupantes se pueden producir por la exposición del feto durante el embarazo y por los niños y niñas durante la lactancia, afectando también a la reproducción y la salud de otras especies animales. Estos efectos aparecen a dosis muy bajas, en general muy por debajo de los límites de exposición legalmente establecidos. Ejemplos de disruptores que pueden estar presentes en nuestro hogar: alquilfenoles, Bisfenol-A, disolventes (ej. percloroetileno), estireno, ftalatos, etc.
Los efectos en la salud de las sustancias químicas peligrosas dependen de la vía de administración, del tiempo de exposición, del número de exposiciones (sólo una dosis o múltiples dosis a lo largo del tiempo), de la forma física de la toxina (sólida, líquida o gaseosa), y de la sensibilidad o susceptibilidad de las personas a esas sustancias tóxicas, (capacidad de detoxificarlas, eliminarlas, o reparar el daño que producen en su organismo). Esta capacidad o vulnerabilidad a las sustancias tóxicas, depende de varios factores como características genéticas, edad, estado fisiológico, nutricional y de salud. Los niños, niñas, mujeres embarazadas, lactantes y personas mayores son especialmente vulnerables.
Las sustancias químicas peligrosas pueden penetrar en el organismo por inhalación, ingestión o absorción a través de la piel:
Por vía respiratoria.
A través de la nariz, la boca y los pulmones.
A través del aire que respiramos las sustancias químicas pueden penetrar en los pulmones y, desde aquí, penetrar en el riego sanguíneo y distribuirse por todo el organismo.
Por vía digestiva.
A través de la boca, estómago, intestinos, etc.
Las sustancias químicas pueden ser ingeridas a través de la boca por contacto con las manos, bebidas, alimentos y, por ejemplo, cigarrillos contaminados. También se considera la posible ingestión de contaminantes disueltos en mucosidades del sistema respiratorio.
Por vía parental.
A través de las heridas, llagas, etc.
Las sustancias penetran en el cuerpo a través de llagas, heridas, etc.
Por vía dérmica.
A través de la piel.
Es la vía de penetración de las sustancias que son capaces de atravesar la piel, sin causar erosiones o alteraciones notables, e incorporarse a la sangre, para posteriormente ser distribuidas por todo el organismo.
Sustancias: elementos químicos y sus compuestos ya sea en estado natural o sintético. Por ejemplo ácido clorhídrico, mercurio, tolueno, etc.
Productos o preparados son mezclas o soluciones de dos o más sustancias. Por ejemplo, la lejía que es una solución de hipoclorito sódico en agua o un limpiador amoniacal, que está compuesto por una solución de amoníaco y varios tensioactivos diferentes en agua.
Medio ambiente: dónde están los riesgos, dónde se encuentran seguros los niños |
| 31-08-2008 | La Organización Mundial de la Salud publica el primer atlas sobre salud infantil y medio ambiente |
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BUDAPEST/GINEBRA -- La contaminación del aire y del agua, y otros peligros medioambientales conexos, matan cada año en todo el mundo más de tres millones de niños menores de cinco años.
La industrialización, el crecimiento de la población urbana, el cambio climático, la utilización cada vez mayor de productos químicos y la degradación del medio ambiente exponen a los niños a riesgos que hace unas pocas generaciones ni siquiera se podían imaginar. Sin embargo, las amenazas más mortíferas siguen siendo viejos factores básicos bien conocidos: el agua insalubre, la falta de saneamiento, el paludismo y la contaminación del aire en locales cerrados.
Aunque sólo el 10% de la población del mundo son niños menores de cinco años, ese grupo de edad sufre el 40% de la carga de enfermedad relacionada con el medio ambiente. Ello se debe en parte a que ingieren más cantidad de sustancias nocivas en proporción a su peso corporal, y en parte a que tienen menos fortaleza y menos conocimientos sobre el modo de protegerse.
Para ilustrar el impacto del medio ambiente en la salud de los niños, la Organización Mundial de la Salud (OMS) acaba de publicar el primer atlas sobre salud infantil y medio ambiente. Presentado en el marco de la Cuarta Conferencia Ministerial Europea sobre Salud y Medio Ambiente, en Budapest (Hungría), la obra reúne una serie de datos sobre los efectos de los riesgos ambientales en la salud de nuestros niños que, observados en conjunto, ofrecen una imagen gráfica de los peligros que afrontamos todos y de las razones por las cuales cada año mueren más de tres millones de menores de cinco años en todo el mundo.1
«Los niños son quienes más sufren los peligros ambientales. Es inaceptable desde todos los puntos de vista que los miembros más vulnerables de la sociedad sean quienes paguen el precio de la incapacidad para proteger a la salud frente a los peligros medioambientales», ha declarado el Dr. LEE Jong-wook, Director General de la OMS, con ocasión de la presentación de la obra.
La Declaración del Milenio de las Naciones Unidas pide a los gobiernos que reduzcan en dos terceras partes la mortalidad de los niños menores de cinco años antes del final de 2015. Puede que sea una de las metas más ambiciosas. «Es una llamada de atención para nosotros, y para el mundo entero. La cifra de defunciones infantiles es alarmante. Refleja una funesta imagen de desatención. Tenemos que afrontar la realidad y actuar de inmediato para que el futuro sea brillante y sostenible», ha declarado la Dra. Kerstin Leitner, Subdirectora General de la OMS para Desarrollo Sostenible y Ambientes Saludables.
Profusamente ilustrado, el atlas muestra con claridad las amenazas que acechan a los niños por doquier. Subraya el impacto de la pobreza en la salud infantil y los esfuerzos que es necesario desplegar para afrontar los problemas medioambientales. Asimismo, se abordan las interrelaciones, los vínculos y las repercusiones del ambiente en la salud de nuestros niños. No se puede ignorar la crisis, frente a la que hay que actuar con urgencia, pero también hay ejemplos que muestran el camino que tiene que seguir el mundo para velar por que nuestros hijos hereden un planeta más seguro y un futuro brillante.
Salud y medio ambiente - Algunos de los datos presentados en el atlas:
* El agua sucia causa diarrea, que mata, según se estima, a 1,8 millones de personas en todo el mundo; de ellos, 1,6 millones son niños menores de cinco años. También es responsable de muchas otras enfermedades, por ejemplo, cólera, disentería, enfermedad del gusano de Guinea, fiebre tifoidea y helmintiasis.
* El 86% de las aguas residuales urbanas de América Latina y el Caribe y el 65% de las de Asia se vierten sin tratar en ríos, lagos y mares.
* El río Ganges, por ejemplo, recibe cada minuto 1,1 millones de litros de aguas residuales sin tratar, cifra particularmente alarmante si se considera que en un gramo de heces de esas aguas puede haber 10 millones de virus, un millón de bacterias, 1000 quistes de parásitos y un centenar de huevos de helmintos. Se contraen por ello enfermedades tales como diarrea, cólera, disentería, fiebre tifoidea, helmintiasis y tracoma.
* Alrededor de un millón de niños mueren cada año por causa de enfermedades provocadas por la contaminación del aire en sus hogares. En más del 75% de las casas de la mayoría de los países de Asia y África se utilizan para cocinar combustibles sólidos tales como madera, estiércol, carbón o restos vegetales, que producen un humo negro que, inhalado, provoca o agrava diversas afecciones respiratorias, como la neumonía u otras infecciones.
Presentación del CD-ROM sobre los niños, el medio ambiente y la salud
La Organización Mundial de la Salud presenta también hoy la primera ciberbiblioteca mundial sobre salud infantil y medio ambiente. La «Colección de Budapest» está integrada por más de 100 documentos relacionados con el efecto que tienen los factores de riesgo ambientales en la salud infantil (contaminación del aire en exteriores e interiores, agua y saneamiento, productos químicos, lesiones, inocuidad de los alimentos y nutrición, cambio climático mundial, determinantes socioeconómicos y tabaco); los documentos han sido publicados por la sede de la OMS y las seis Oficinas Regionales entre la Tercera Conferencia Ministerial sobre Salud y Medio Ambiente, que se celebró en Londres en 1999, y la Cuarta, que tiene lugar en Budapest.
En la Tercera Conferencia Ministerial, los Ministros de Salud y Medio Ambiente europeos reconocieron la especial vulnerabilidad de los niños ante las amenazas medioambientales y se comprometieron a formular políticas que permitieran proporcionarles unos entornos seguros y saludables. Posteriormente han aparecido diversas monografías, informes y artículos periodísticos, que se han incluido en la Colección de Budapest.
«Este producto de ámbito mundial constituye un instrumento esencial para los formuladores de políticas y los científicos, y proporciona información multidisciplinar sobre el modo de reducir el impacto del medio ambiente en la salud de los niños», ha declarado el Dr. Roberto Bertollini, Director de Determinantes Sanitarios, de la Oficina Regional de la OMS para Europa.
El CD-ROM dispone de posibilidades de búsqueda interactiva que permiten al usuario buscar, hojear y descargar fácilmente los documentos íntegros en diversos idiomas. La Colección Budapest es un proyecto mundial de la Organización Mundial de la Salud, de la Sede y las seis Oficinas Regionales, desarrollado por la Oficina Regional de la OMS para Europa para el Centro Europeo para el Medio Ambiente y la Salud, de Roma. Se pueden obtener ejemplares de la Colección Budapest solicitándolos por escrito a gcc@who.it o fgi@who.it.
Fuente: OMS